Todos los dictadores tienen en común varías conductas. Una de ellas es que siempre intentan reescribir la historia para acopiar capítulos alejados de la verdad y entonces plasmar hechos inciertos que los glorifican. Son capaces de lo peor, como ocurre en Venezuela, en donde ya no se celebran los días patrios como corresponde, sino que se deja de lado el 5 de julio o el 19 de abril para exaltar las fechas revolucionarias del 4F y el 27N de 1992. O sea que la magna independencia y la antesala de ese hito histórico que se escenificó en un balcón del edificio en donde despachaba el Capitán General Amparan, se ocultan entre las tinieblas que desatan esos farsantes que se empeñan en imponer ese calendario que nada tiene que ver con lo que realmente forma parte de nuestra identidad como nación.