Pedrito y el lobo

La clásica fábula de Esopo de Pedro y el lobo resucita en estos tiempos de alarmismo político, cuando pasada la tormenta tropical Julia que afectó a miles de guatemaltecos aparecen campañas provocadoras de pánico, mostrando indolencia con los desafortunados y aprovechándose del miedo de los ciudadanos para anunciar hundimientos donde no hay, con tal de acusar y señalar. Ese será el clima político de los próximos meses, un debate entre el vaso medio lleno (optimista) y el medio vacío (pesimista), que intentará dividir a la población hasta culminar las alegres elecciones. 

Pedrito era un niño pastor, a quien le tocaba cuidar del rebaño de ovejas (historia que en la actualidad no se podría inventar porque es políticamente incorrecto, ya que los niños deben de estar en la escuela o en clases virtuales en el celular), y estando muy aburrido se le ocurrió el plan de ponerse a pegar gritos, clamando auxilio porque había llegado el lobo y las ovejas estaban en peligro. La gente respondió al llamado, armados con todo lo que disponían para enfrentar a la fiera, y llegaron en montón a donde estaba Pedrito, que riéndose feliz les dijo que todo había sido una broma. La gente regresó a sus ocupaciones, molestos algunos, otros riéndose de la travesura del patojo. Pero días más tarde volvió a sentirse aburrido, así que repitió el llamado de auxilio, y nuevamente todos llegaron a ayudar, pero de nuevo se toparon con la verdad y regresaron a sus casas y empleos con el mal sabor en la boca. A la tercera fue la vencida, porque de verdad llegó el lobo y se comió tranquilamente a tres de las ovejas, porque nadie respondió al llamado del mentiroso. La moraleja era simple de entender, y de inmediato pasó a formar parte de la cultura universal.

En la actualidad hay quienes nos tienen asustados con el llamado de hundimientos, que debido a las inclemencias del tiempo podrían suceder, porque el agua mansa cuando se pone violenta tira árboles, provoca inundaciones y deslaves, aquí o en Nueva Orleans, París o Nueva York. Los Pedritos locales, ansiosos de notoriedad o por aburrimiento, están asustando a la gente con la llegada del lobo, pero cuando pasamos por los lugares señalados todo está normal. No hay derecho a jugar así con algo tan serio, cuando hay tantos que perdieron familiares, viviendas, puentes, viven tristes y aislados, mordidos por el lobo lluvioso llamado Julia. 

Jugar con el miedo de la gente no es justo, y revela la pobre intención de quienes inventan tales bolas en las redes sociales, que es el nuevo canal para difundir y asustar. Pero lo de Pedrito en la fábula es una acción ingenua de niño que quería divertirse, mientras acá se trata de mensaje de adultos plantados con alevosía y premeditación, por interés.


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Author: Maria Suarez