Varios protagonistas de esta historia que no se conocen aún se van a cruzar en esta historia de dramas e intrigas, para empezar por el jocoso mayor Paco Arana, comelón, amante de refranes, con vagas ideas de la política; mientras el otro es maestro y filósofo, Juan José Arévalo, dicharachero y doctoral, con acento de Tucumán, que sueña con cambiar su país natal porque es obligación de todo intelectual, y más ahora, como candidato presidencial. En tanto que el atlético capitán Jacobo Árbenz, de pocas palabras y mirada enigmática, quiere transformar Guatemala como hizo el general nacionalista turco Kemal Atatürk. Eran muy diferentes, pero ninguno de ellos se perdía las noticias por la radio de onda corta de la BBC sobre las secuelas del atentado explosivo hecho a Hitler donde salió vivo por un pelo y los avances del general ruso Zhukov contra los alemanes. Salvo Arana, los otros dos están en el grupo de Jorge Toriello, la Unión Cívica, mientras que Paco está lejos de la política, como encargado de la unidad de tanques en la Guardia de Honor, cuyo jefe es el mayor Aldana Sandoval. El general Ponce Vaides ha sustituido de forma ilegal a Jorge Ubico tras su renuncia en julio y es un dictador que pronto va a estrenar los tanques regalados por el Pentágono hace un año, ante un eventual ataque naval japonés, pero ahora sería para amedrentar a los manifestantes opuestos al régimen. Ponce se olvidó de los tanques cuando el Partido Liberal le propuso la candidatura presidencial y, orgulloso, reiteró que las elecciones se realizarían en noviembre, seguro de ganarlas porque manejaba el sistema electoral. El 15 de septiembre la capital entró en pánico cuando descendieron de una docena de camiones cientos de soldados, muchos cakchiqueles, sobre la Plaza de Armas, con machetes en mano, y se lanzaron contra manifestantes que exigían elecciones limpias. Llenos de pavor corrieron tras ellos mientras brillaba el filo por las calles capitalinas sin que corriera sangre. Ponce Vaides desde el balcón presidencial tomó el micrófono y por los altoparlantes detuvo a sus fieles y les agradeció su apoyo. Como premio liberó la venta de alcohol en sus pueblos y alzaron los machetes gritando “¡Viva Ponce Vaides!”, puesto que Ubico antes de renunciar había prohibido su venta en domingo.
En espera de seducir a la embajada estadounidense y lo apoyara, ya que presionaba porque los bienes de los alemanes pasaran a manos de firmas de su país, Ponce Vaides de un plumazo los nacionalizó, así como sus cuentas bancarias, según el listado especial del Ministerio de Hacienda, cuando Ubico los embargó en 1941. Esa inmensa riqueza pasó a propiedad del Estado, un botín inmenso, que tensó el pulso entre la élite militar y la oligarquía terrateniente por quedarse por ellos. Las familias alemanas y sus socios guatemaltecos al ver tamaña pérdida de sus patrimonios odiaron a Ponce Vaides y decidieron unirse a la oposición de universitarios y maestros. Entre esos bienes figuraban un centenar de las mejores y más grandes fincas de café del país, grandes predios urbanos, casas y mansiones, beneficios de café, comercios, talleres, el ferrocarril en Alta Verapaz… Socios guatemaltecos de los germanos, como los Aparicio, se unieron a los dirigentes de la Unión Cívica para clamar por su devolución y derribar al general. El Estado ahora era el terrateniente más rico de la nación y tal riqueza sobrepasaba con mucho la de la United Fruit local. Querían impedir que los generales se quedaran con esos bienes. La élite, los grupos populares y alemanes se articularon para derribar al régimen y Jorge Toriello los animó. “Ya pronto las dictaduras militares de la región serán cosa del pasado”. Árbenz consideró un error de Ponce tal nacionalización, pues aglutinó a la élite contra los generales y dejó la puerta abierta para hacer una revolución. Arévalo, candidato único de la oposición, entendió que el botín de los bienes teutones sería el núcleo de las luchas políticas por venir y que el paro nacional de tres días contra Ponce Vaides era parte de la pugna por esos bienes, buen ambiente para una asonada militar que fraguaban Árbenz y Aldana Sandoval.
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