En esos días Jorge Toriello contactó a varios jefes de dos cuarteles, pero no aceptaron ser la chispa de la asonada contra Ponce Vaides, por lo que Jacobo decidió visitar al mayor Peralta Azurdia para tentarlo con los miles de dólares recolectados por la élite para que aceptara dar el golpe castrense.
Entretanto, los maestros y universitarios trajeron a cuento la Alianza Popular Revolucionaria Latinoamericana (APRA), de corte antiimperialista, que tuvo en la mira a la United Fruit Co., ya que ultrajó a sus trabajadores locales en Colombia por hacer huelga y los universitarios dieron rienda contra el tirano. Ahora los grupos populares que claman por la democracia se unen a los del istmo con sus pares de Cuba, Haití, Puerto Rico, República Dominicana, Panamá y Nicaragua para enfrentar el fascismo que aún vive en América Latina: en México están los Camisas Doradas, un movimiento antisemita o inspirado en Hitler. En Brasil está la Acción Integralista con miles de militantes blancos que utilizan la letra griega sigma (∑), equivalente a la esvástica nazi, unidos bajo el lema “Dios, Patria y Familia” blancos. Y en Argentina, con el fascismo camuflado y populista del general Juan Domingo Perón, que pretende velar por los trabajadores para ganar votos.
Arévalo dio una charla a los universitarios y condenó a los tiranos de Centroamérica y del Caribe que hacen oídos sordos al Estado democrático que propone Franklin Delano Roosevelt para la región a través de su política del Buen Vecino. Él eliminó la Enmienda Platt que le permitía intervenir en Cuba; desocupó Nicaragua y Haití, y negoció el pago a las empresas petroleras que Lázaro Cárdenas nacionalizó. En 1940 Roosevelt le dio a Nelson Rockefeller la tarea de dar cooperación a las democracias de este hemisferio, puesto que “las dictaduras van a terminar con la pronta victoria de los aliados y ya tiemblan los generales latinoamericanos porque la gente quiere un cambio democrático”. Vinieron los aplausos y las preguntas al doctor: ¿Por qué la Carta del Atlántico que firmaron Roosevelt y Churchill incluyó el respeto a la autodeterminación de los pueblos? “Pues”, respondió, “es algo bueno, porque las potencias coloniales deberán dar elecciones en sus colonias y generar democracias. Por ello Churchill fue criticado en Londres, pues así perderá sus colonias… y Estados Unidos entrará en su lugar a tomar sus mercados”.
Y vinieron más aplausos, pues algunos murmuraban que podrían así recuperar Belice. El universitario Manuel Galich tomó la palabra y señaló que el New Deal y la política del Buen Vecino moderó la injerencia tradicional del imperio del norte. “A nuestros militares les cuesta entender que el débil Roosevelt está por ganar la guerra mundial junto a los rusos”, concluyó. A una pregunta sobre los dictadores y el fascismo, Galich respondió que Ubico creó la Orden del Quetzal y la primera se la dio a Mussolini y, a punto de otorgarla a Hitler, se abstuvo para no afectar su relación con Estados Unidos. El Führer, empero, le mandó a Ubico una medalla y diploma para tenerlo de su lado, sin olvidar enviar músicos como parte de su estrategia cultural, pues en Guatemala residían ocho mil alemanes en Quetzaltenango, Alta Verapaz y la capital, ahora casi todos confinados en Texas tras serles embargados sus bienes, como pasó en la Primera Guerra Mundial. Ubico fue el primer gobernante en reconocer a Franco en 1936 cuando dio el golpe militar con apoyo de Hitler contra la República española. Pero Washington en 1941 lo forzó a declararle la guerra a Berlín y embargar todos los bienes alemanes. Los ingresos por la venta de café, chocolate, vainilla… de las fincas alemanas hicieron rico al gobierno de Ubico, pues los vendió a Estados Unidos a precios altos. A una pregunta sobre el papel de la UFCO en Guatemala, Galich señaló que el país tiene dos economías principales: la del café, que hasta 1941 estaba en manos de los alemanes, y la del banano, de la United Fruit.
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