Nuestro país necesita de un proceso de reconstrucción en todos sus niveles que permita que se impulse hacia el desarrollo, valiéndose del potencial que tiene y que va mucho más allá del sector petrolero. Para que eso ocurra, el giro del timón tiene que producirse, capitaneado desde la disposición de colocar en orden las prioridades sociales y comprendiendo que, atender a la gente, al mismo tiempo que se genere un proceso real de reactivación económica, mientras se fortalecen los valores democráticos, es la luz del faro que debe guiarnos.