Supuestamente la “opinión pública” está democráticamente representada en las redes sociales, pues cualquiera puede participar. Sin embargo, esto deja de ser cierto por el peso predominante de los llamados “bots” y la confección interesada de fake news, financiados por los grandes grupos de interés. Detrás de la supuesta “opinión pública” no existe nadie real, solo unos cuantos militantes o activistas radicales o mercenarios que saturan el espacio digital a velocidad de vértigo, con ideas inapelables para manipular a la sociedad con demagogia, polarización, autoritarismo, unanimidad de discurso, entre otras características distintivas de los regímenes y sistemas totalitarios y dictatoriales. Su único objetivo es extender la siembra de dogmas y ortodoxias alejadas de la libertad, la democracia, la tolerancia, el pluralismo, la transparencia, la confianza y la cohesión social, el debate público plural y los derechos humanos.