Francisco es humilde, original, diáfano y falible. Su modelo pastoral innovador ilumina y difunde la palabra del Señor con autoridad, regresando al redil ovejas descarriadas por su carisma. Objeta la pobreza universal tradicional, su modernización y la fragmentación cultural. Dejando de lado la pompa tradicional predica con el ejemplo, su opción por los pobres es clara y categórica. Su política de sanear el banco del Vaticano IOR generó una oleada de aprobación y simpatía ecuménica, y más de algún resquemor en la poderosa Curia Romana, despertando según la prensa italiana, el apetito de los lobos que nunca se fueron, sin ser raro que hagan lo mismo que hicieron con Benedicto XVI. Si logran su cometido las creencias religiosas pasarán a la historia. El papa ha emprendido una verdadera cruzada moderna en la Iglesia tratando de limpiarla, dando un cambio de rumbo que no se veía desde Constantino. Sabe que Jesús no fundó el IOR…
La historia narra que en el concilio de Nicea, 325 d. C., se decidió qué evangelios eran verdaderos y cuáles no, siendo destruidos para encarrilar una corriente ideológica cristiana única y verdadera, Constantino murió en el año 337 d. C., repartiéndose el cielo y la tierra. La Iglesia católica es idólatra —santos, imágenes— en contra de los mandamientos oficiales, dando paso a una discusión etérea y eterna, en un siglo en el que el verdadero poder terrenal es el dinero. El papa Francisco demuestra con hechos que la Iglesia puede y debe estar al lado del que sufre, predicando la doctrina de Jesús con devoción, recuperando fieles que la abandonaron por diferentes causas. Sabe que a los ricos les creen sus mentiras y a los pobres nadie los escucha cuando dicen la verdad. Y comparte el pan y la fe conociendo que la sociedad no es igualitaria, que el dinero determina el clasismo. En la Iglesia hay corrientes de pensamiento muy respetables como los jesuitas, el Opus Dei, etc.
Hace años visitó Nápoles y, en un barrio pobre que controla la mafia, dijo ante miles de creyentes: “Sé de una persona que gana 600 euros al mes —4,800 quetzales— y en negro, por trabajar 11 horas al día. ¡Eso no es trabajo, es explotación, esclavitud! ¡Tenemos que recuperar la lucha por la dignidad! ¡Cuánta corrupción hay en el mundo!”. El paro laboral en Nápoles es del 60 por ciento. La opinión de su santidad sería peor, al saber que en Guatemala un kilo de pollo cuesta lo mismo que en Italia, que el pan y las medicinas son más baratas en Francia, etc. Que los salarios son muy bajos y los que los pagan dan limosna generosa con abnegación, confiesan sus pecados, obtienen el perdón y va de nuez, asoleando su miseria espiritual. Siendo más fácil que un asno pase por el aro de una cebolla que entren al reino de los cielos, tropezando con el inconveniente adicional que san Pedro no les hace caso, por más pisto que tengan…
Siguiendo la ortodoxia del siglo XII, la Curia local impide que el evangelio coincida con la Iglesia que escucha y dialoga, sin refutar sofismas ni orientar a los fieles en la severa crisis social, económica, política, ética y moral de un país en pugna abierta con la justicia. Dejando a los olvidados a la deriva sin fortalecer la fe, virtud teologal que permite creer aun sin comprender las verdades que enseña la Iglesia. Ni siquiera difunden ni explican las encíclicas, restándole importancia a la riqueza de su contenido espiritual y social, en especial para los pobres, víctimas de la usura voraz y de la codicia de los depredadores sociales. Su actitud contemplativa ajena a la palabra del Señor es lamentable, predicando del diente al labio con excepciones notables. Mientras sus eminencias concilian los criterios contrapuestos por intereses disímiles, deberían leer la encíclica Rerum Novarum del papa León XIII, y recordar que nadie puede pensar en Dios con el estómago vacío. Recuperar prioridades y socorrer a las víctimas de la concupiscencia de los califas tropicales del siglo XXI, gobernando sin medir el peso de sus actos. Joya. El tiempo es el mejor escultor de la vida, todo lo pone en su lugar…
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