El relevo de Paolo Vasile (Roma, 1953) en Mediaset ha sido un ejercicio magistral de movimientos orquestales en la oscuridad. Al afectado no le gustó que se anticipara la noticia de su marcha el lunes («iba a anunciar mi retiro. Alguien ha querido darme un golpe, como una venganza») y eso desencadenó un tira y afloja empresarial que atrapó entre varios fuegos al departamento de comunicación de Mediaset . Esto mantuvo en tensión a las redacciones que vacilaban entre la noticia y el desmentido. El miércoles, los periódicos españoles publicamos entrevistas con Vasile, unas declaraciones que, como reseñó Federico Marín Bellón en la que hizo para este diario, no iban dirigidas tanto al lector español como a su patrón italiano, Silvio Berlusconi . El episodio ha sido un despliegue de poder y de ‘finezza’ que mueve a algunas consideraciones. Por un lado, Vasile es un animal legendario, un ejecutivo de medios de la escuela italiana, normalmente extraídos de la cantera que representaban los departamentos comerciales y publicitarios de las empresas editoras. Gente volcánica, de trato áspero, pero bien enfocada y consciente de sus intereses. Su gestión en España ha sido extraordinaria, construyendo una cadena («ninguna televisión ha tenido un éxito como este, que ha ganado 3.500 millones de euros netos en toda mi etapa de gestión») que se ha mantenido como líder durante larguísimos periodos de tiempo. El ejecutivo romano tuvo la intuición de identificar las pulsiones ocultas de la sociedad española y explotarlas al máximo. Los que consideran que Vasile promovía una TV despolitizada se equivocan . Él quiso ser mucho más sutil,creando una hegemonía social, como comprobó Pedro Sánchez cuando llamó al programa de Jorge Javier. Pero todos los ciclos se acaban y el de Vasile ya se había agotado hace tiempo. Maurizio Carlotti , otro ejecutivo italiano que cosechó éxitos en la TV española, que tiene la misma edad que Vasile, con el que coincidió trabajando para Berlusconi, dejó en 2019 la primera línea sin tantos aspavientos. Finalmente, el martes, Vasile encontró la forma en la que quiere que hablemos de su sustitución: «una salida voluntaria fuertemente frenada». Su razonamiento es que «a alguien que ha estado 40 años trabajando en tu empresa no se le echa», así que lo que le ha pasado a él no puede ser eso aunque se le parezca mucho. En el camino se han escrito grandes elegías sobre el papel de Vasile en la televisión española. Estos artículos me han recordado a los cronistas medievales que engrandecían a los adversarios de sus señores para que así sus victorias parecieran muchísimo más meritorias. Porque, al final del día, aunque el dragón echara mucho fuego por la boca e infundiera gran temor en sus enemigos, el dragón yacía muerto para mayor gloria de San Jorge, Vasile nos vacila. [email protected]