Este es el proceso de los éxitos personales, institucionales, comunitarios o globales. No es cuestión de suerte, coincidencias, o de acciones aisladas. Todo éxito que vale la pena es el resultado de un proceso conocido: visualizar, aguantar, avanzar y lograr. Escribo cansado de escuchar las razones por las que el cambio no es posible en Guatemala; las recriminaciones sobre la actitud de otros, y no de las de nosotros; de hablar que son optimistas, pero verlos actuar como pesimistas. Es momento de reiterar que el futuro está por escribirse, que puede ser muy positivo y realizador si se deja de lado lo que no controlamos y nos concentramos en lo que sí controlamos.
Hoy no es una columna para hablar de situaciones específicas sino para señalar realidades que son aplicables a todas la situaciones. El mundo vive momentos inciertos, retrocesos institucionales, increíbles avances tecnológicos, riesgos climáticos, oportunidades únicas y peligros nucleares. Una ensalada difícil de digerir si no se tiene una visión clara del futuro deseable y se hace un esfuerzo consciente en avanzar en esa dirección. Puede haber fuerzas poderosas que busquen impedir que avancemos en dirección a los sueños establecidos, pero jamás podrán contenernos si tenemos la convicción necesaria para enfrentar los desafíos y, sobre todo, de vencer nuestros miedos y debilidades. El camino no es fácil pero el esfuerzo vale la pena. Es atreverse a apostar en grande. Lo contrario es el juego de las metas poco ambiciosas, de optar por no arriesgar y al final, aunque acertemos, hemos perdido. En este caso, jamás podremos constatar nuestro valor potencial, el nivel de nuestras fortalezas y las capacidades al funcionar a máximo nivel. Es el juego de optar por lo malo conocido, antes que luchar por lo que creemos positivo pero que aún es desconocido. Es la apuesta por la que los guatemaltecos valientes emigran al norte. Por la que los emprendedores no se dan por vencidos. Por las que los luchadores por la libertad de prensa subsisten en medio de las torturas, esperando por una justicia que no aparece (¡Jose Rubén, debes aguantar!). Por las que nuestros atletas destacados continúan con sus sueños aún sin apoyo. Por la que los guatemaltecos siguen siendo buenas personas en un entorno de maldad, injustica y corrupción. Por ser capaces de visualizar, aguantar, avanzar… hasta lograr.
Todos los grandes logros se han basado en esa capacidad de visualizar y perseverar. Mandela cambió Sudáfrica. Gandhi lo hizo con India. Churchill hizo resistir a Gran Bretaña. Ucrania resiste a Rusia. Kennedy con el sueño de llegar a la Luna. En Guatemala, se puede resistir el embate de la mafia organizada, de la ilegalidad propiciada por la partidocracia, de los grupos incrustados en el poder. La luz es más poderosa siempre que la amenaza oscura. Si todos, cada quien en lo que le compete, se comprometen a ser fuerza del bien, impulsores de cambios positivos. Vale la pena el esfuerzo.
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