Alaa Abdel Fattah , el eterno inconformista egipcio que ha dejado de beber agua como protesta

Desde la mal llamada Primavera Árabe , el bloguero y activista de profesión egipcio Alaa Abdel Fattah ha batido algunos récords, entre ellos el de entradas y salidas de prisión en el mismo año. En su nueva visita a las mazmorras, en esta ocasión por el delito de «propagar noticias falsas» en las redes sociales -por lo que ha sido condenado a cinco años- Alaa quiere acortar los plazos. En abril anunció una huelga de hambre, con un mínimo de calorías diarias. El grupo de activistas como Alaa no tira la toalla, aunque su influencia sea mayor en la farándula europea que en las capas populares árabes Este domingo dio un paso más y anunció una huelga de sed. Su objetivo: aprovechar que El Cairo es anfitrión de la cumbre climática COP 27 para que las autoridades egipcias se vean obligadas, por cortesía, a ponerle en libertad. El Fattah obtuvo la ciudadanía británica en una de sus últimas estancias en la cárcel, aprovechando que su madre también tiene ese pasaporte, y confía en que la presencia en Egipto estos días del nuevo ‘premier’ , Rishi Sunak, dé buenos frutos. Noticia Relacionada estandar No Ramy Shaath: «Al Sisi utilizará la COP27 para lavar la imagen de su régimen y legitimarlo» Susana Gaviña El activista, que pasó más de 900 días en prisión en Egipto, denuncia la represión de un país que tiene 60.000 presos políticos y cuyo presidente ha cambiado la Constitución para mantenerse hasta 2030 Alaa Abdel Fattah tiene 40 años, y desde hace once es invitado permanente en todas las protestas que claman en Egipto por el respeto de los derechos humanos. Estuvo en 2011 en el arranque de la Primavera Árabe en la plaza de Tahrir para exigir la caída de la dictadura laica de Mubarak y, desde esa fecha, su actividad, tanto en las redes sociales como en las calles, ha sido incansable. Con la salvedad de los periodos más o menos cortos en prisión, que han sido muchos en la última década. Y que han tenido como factor común la protesta contra los tics autoritarios que han ido sobreviviendo en Egipto a los distintos cambios de régimen : desde el que instauraron los islamistas de Hermanos Musulmanes hasta el último impuesto por los militares, con el general-presidente Al Sisi a la cabeza. El grupo de activistas como Alaa no tira la toalla, aunque su influencia sea mayor en la farándula europea que en las capas populares ára Alaa es en cierto modo una parábola viva del sueño de las revueltas árabes que arrancaron en enero de 2011 en Túnez. En todas estuvo muy presente el sector de la sociedad liberal y educada, que creía posible instaurar el sistema de derechos occidental . En todos los casos, con la excepción del país que dio origen a la ola, el fracaso ha sido sonoro. Guerras civiles en Siria y Libia, aparición del fenómeno del califato yihadista de Estado Islámico, efímera experiencia de los Hermanos Musulmanes en Egipto. Pese a ello, la casta de los activistas como Alaa Abdel Fattah no tira la toalla, aunque su influencia sea mayor, como en este caso, en los círculos del activismo de los derechos humanos y de la farándula europea que en las capas populares árabes. La traducción al inglés de los escritos de Alaa, y su vinculación con el mundo de las oenegés -su hermana, que dirige una, acaba de regresar a Egipto para cabildear en la cumbre climática- convierte la causa de su liberación en un objetivo más europeo que propiamente árabe. De casta le viene al galgo. El padre de Alaa fue un abogado egipcio más conocido por su actividad contra las dictaduras de Sadat y Mubarak que por sus pleitos, y la madre es profesora en la Universidad de El Cairo y activista liberal. El paso por la cárcel está en el código de familia

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Author: Pablo Perez