Amasijo de contradicciones

Siempre me han sorprendido las contradicciones que, como seres humanos, arrastramos en las diferentes dimensiones de la vida, como por ejemplo, entre aquello que somos y lo que negamos de nosotros mismos, o entre lo que somos y lo que aparentamos o pretendemos  ser, o entre lo que pensamos y lo que decimos, o entre lo que decimos que pensamos y lo que hacemos, o entre lo que se supone que pensamos o somos, y lo que poseemos, o la manera en que vivimos. También las profundas contradicciones que pueden haber entre lo que predicamos y lo que practicamos, entre lo que somos en el ámbito privado y lo que somos en el ámbito público, entre nuestro ser profundo y nuestra expresión profesional.

Hay nombres de grandes personajes públicos, científicos, artistas, escritores, poetas y políticos que fueron admirados por su obra o por la trascendencia y profundidad de sus escritos, por sus gestos de generosidad y defensa de las libertades en cierto dominio público o profesional, pero sucede que en el ámbito privado eran auténticos neuróticos, intransigentes y déspotas con los suyos. ¿Con qué criterios hay que evaluarlos? Siempre es delicado poner las manos al fuego por alguien que en un ámbito es una cosa, pero en el otro, otra. Por eso pienso que es deseable aspirar a alcanzar cierta coherencia y unidad entre aquello que pensamos, hacemos y somos, tanto en el terreno privado como en el público. Es evidente que nunca se alcanzará por completo la unidad, pero al menos ser cada día más congruentes o más íntegros es un objetivo sano y necesario.

Que sirvan también estas reflexiones para desmitificar a los “héroes” de nuestro entorno familiar y social que dicen ser una cosa, pero que son otra. No citaré nombres, pero conocí y conozco –como muchos de ustedes también– a personajes relativamente famosos de la vida nacional en el terreno del arte, de las letras, del pensamiento, de la política, de los negocios y de la religión –algunos ya desaparecidos–, que se mostraron como impostores en algunas de sus prácticas de vida. A veces los delató un pequeño gesto, una frase o una acción, otras veces fueron los tragos, y muchas veces, la misma familia me lo reveló, en la privacidad del consultorio psicoterapéutico.

Claro, en un país como el nuestro, donde a causa de la historia y de las múltiples precariedades la construcción de la identidad personal y colectiva sigue siendo difícil y compleja, este frecuente fenómeno de disociación de la conciencia nos instala con tanta normalidad y con tanta facilidad en el reino del oportunismo y de la micro y macro corrupción, que ya ni nos percatamos de ello, ni nos inmutamos siquiera, y seguiremos soportando y aplaudiendo así a todos los farsantes que nos rodean, hasta que los que estamos hartos de nuestras propias contradicciones seamos realmente mucho más numerosos que aquellos que las cultivan y las callan. 


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Author: Maria Suarez