México ha asumido protagonismo en la lucha por defender la democracia al volcarse la población a las calles en protesta por la aspiración del presidente Lopez Obrador de modificar el marco institucional que rige los procesos electorales. Bajo el grito de “El INE no se toca” -refiriéndose a la máxima autoridad electoral- millones de mexicanos se reunieron alrededor del angel del Paseo de Reforma para indicarle al presidente que esta fuera de límites. Esta reacción ciudadana sorprendió a muchos analistas ya que en México aún subsiste una cultura de servidumbre a quien ocupe la presidencia que se asemeja a la que predominaba en tiempos de los Aztecas. Los presidentes mexicanos han, por lo tanto, sido una suerte de emperadores que imponen su voluntad al estado mexicano sin rendirle cuentas a nadie. Sorprendió por ello la fuerza, el tono y el altanero vocerío que caracterizó la protesta mexicana.