Catar 2022: una previa no futbolera

Citando al mítico entrenador del club de fútbol de Liverpool Bill Shankly de los años sesentas del siglo pasado, “algunas personas creen que el fútbol es una cuestión de vida o muerte… les puedo asegurar que es algo mucho más serio que eso”, les puedo decir que las mismas resumen mi sentimiento sobre este deporte. Siento que podría resumir eventos históricos y encapsular mi biografía contando de acuerdo a cada Mundial que he tenido el placer de ver iniciando desde México 1986 con el que inició esta manía, delirio o religión, ya ni palabras tengo para describir el sentimiento. Pero, por más que me encantaría descoserme escribiendo una letanía sobre el tema, me quiero referir a la que espero no sea otra mancha en el deporte rey y me refiero al próximo Mundial en Catar que inicia este domingo 20. 

El Mundial de Fútbol es el evento deportivo más grande del mundo comparado solo con las Olimpiadas de Verano y ambos han sido símbolos de unidad entre las naciones y los pueblos. No siempre ambos eventos han estado librados de los extremos políticos pero a pesar de algunos tropiezos el espíritu de competencia y las proezas atléticas se imponían y nos vislumbraban. Diferente fue con el negocio detrás de las canchas que con el tiempo abusó su lugar de organizador, recolector y distribuidor para irse metiendo cada vez en los partidos. En el fútbol, donde hoy las cifras que se manejan son exorbitantes aún comparadas con las de diferentes épocas, los aficionados esperábamos que el negocio respetara los 90 minutos de un partido de fútbol. Pero para los organizadores, unos hombres de negocios como Sepp Blatter y otros exfutbolistas vueltos traidores como Michel Platini, la avaricia puede más.

La elección de Catar, un emirato desconocido en el Golfo Pérsico con ninguna tradición ni mucho menos historia futbolística y universalmente desconocido salvo para quienes estuviesen en el mercado de la compra y venta del petróleo, fue hecha debido a una serie generalizada de sobornos a directivos de las distintas confederaciones continentales de fútbol internacional. Las cifras fueron astronómicas y la tentación para aquellos inescrupulosos fue tal que la sede fue otorgada un ya lejano 2 de diciembre del 2010. Desde entonces miles de millones de petrodólares han sido gastados para promover la imagen del pequeño emirato, que vale solo por su petróleo, y en el que se calcula que alrededor de más de 6 mil trabajadores migrantes, unos con sueldos por debajo de lo necesario para subsistir y el resto prácticamente como esclavos, murieron construyendo los estadios que solo servirán para este evento. Aparte de esto, “la gran fiesta del fútbol” deberá celebrarse respetando las rígidas normas y leyes de un emirato, regido por el islam, las cuales son tan rígidas que hasta los mismos inquisidores católicos del medioevo europeo sentirían excesivas. Pero todo sea por el dinero, por las relaciones públicas de un grupúsculo de multimillonarios y el fútbol… pues espero que el fútbol devuelva un poco de dignidad.

@robertoantoniow


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Author: Maria Suarez