Charles Darwin escribió que “las especies que sobreviven no son las más fuertes, ni las más rápidas, ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”. En nuestro caso, para sobrevivir políticamente hay que adaptarse al cambio, lo cual significa subirse al tren de la corrupción, que marcha a todo vapor. Veamos algunos ejemplos.
Sandra Torres es una política camaleónica, que solo sobrevive políticamente por haberse adaptado al cambio. Cuando fue primera dama, con frecuencia, visitaba al teniente coronel Hugo Chávez, por cuya política y actuación babeaba. Ella y su débil marido (supuestos social demócratas) le llevaron la orden del Quetzal a Fidel Castro, que este no quiso recibir personalmente; no podía aceptar la mayor condecoración de un país agresor, que apoyó y entrenó a fuerzas que desembarcaron en Bahía de Cochinos. ¡Calcularon mal! Luego, para adaptarse a los cambios se divorció de su marido. Para seguir adaptándose a los cambios, los diputados de la UNE, fieles a ella, han integrado el Pacto de Corruptos; han apoyado todas las iniciativas de ley enviadas por Giammattei al Congreso, así como también acaban de dar el voto para la elección de una junta directiva del Organismo Legislativo ad hoc al gobierno. Adaptarse al cambio ha significado para ella evitar, contra viento y marea, que cancelen su partido (la UNE), para que así, en las próximas elecciones, pueda correr como candidata presidencial; y que, en los tribunales, le allanaran el camino para que imputaciones serias y documentadas queden en nada. De no haberse muerto, Jesús Valiente Téllez sería consuegro de Sandra, pues los hijos de ambos están casados. Sandra es la viva expresión del transfuguismo ideológico y de intereses, de poder y de dinero. Ha sido la perfecta saltimbanqui. Ha sobrevivido no porque haya sido la más fuerte, la más rápida, ni la más inteligente, sino la que se ha sabido adaptar al cambio.
Otro tanto ocurre ahora con Manuel Baldizón, quien recientemente volvió deportado de los Estados Unidos, en donde cumplió condena por lavado de dinero. En Guatemala, previo supuesto pacto, de acusado, Baldizón se volvió acusador, pues la mejor defensa es el ataque. Baldizón confía en que los cuasi vitalicios Magistrados de la Corte Suprema recuerden que su selección y elección fue fruto de un pacto político entre los partidos PP y Líder, realizado para procurar impunidad, el cual, en su momento, el exconvicto reveló públicamente. Baldizón fue el que dio a conocer ese pacto, gritándolo a los cuatro vientos. Para seguir en política, Baldizón ya tiene ahora su partido. No olvidemos que, en Guatemala, los partidos políticos siempre tienen dueño o patrón. Subido de nuevo al carro de la corrupción, Baldizón pretende llegar lejos. En el pasado, le dio muchos réditos económicos. A los políticos se los truncó el ¡Uncle Sam!
Otros buscan adaptarse al cambio que tiene lugar no en las cúpulas gobernantes, sino en las bases, entre los electores. Este es el caso de Roberto Arzú, quien aprovecha el descrédito del gobierno y de la aceptación popular, de menos del 20 por ciento, que, en las encuestas, exhibe el presidente Giammattei. Arzú está subiendo en popularidad, al decirle al pueblo lo que este quiere oír: que meterá en la cárcel a Giammattei y a ese muchachito (Miguelito); o, en un video reciente, que si bien Giammattei no quería ser un hijo de puta más, resultó ser el mayor. Enfurecido, Giammattei podría vetar la inscripción de la candidatura de Arzú. Esto ya está en marcha. En última instancia, todo dependerá del veredicto de las cortes. Peligrosamente, Roberto ataca a las corruptas cúpulas de gobierno, que son las que deciden quién participa y quién no; y las que, en nuestra ahora débil democracia y sistema electoral precario, cuentan los votos. Ya estamos en un peligroso escenario semejante al previo al 23 de marzo de 1982.
Aclaro que personalmente no conozco a Baldizón, ni a Sandra ni a Roberto. Sí conocí, antes de que fueran presidentes, al esposo de Sandra, Álvaro Colom; y al padre de Roberto, Álvaro Arzú Irigoyen, con quien sostuve, con concordancias y discrepancias, innumerables pláticas políticas.
Chepe Zamora está en la cárcel solo porque no se subió al tren de la corrupción, como sí lo realizó su denunciante, quien de acusado se volvió también acusador, con grandes réditos, porque, entre otros muchos beneficios, le liberaron o le liberarán más de Q30 millones, que estaban en extinción de dominio, porque este no podía explicar el origen lícito de eso fondos. En Guatemala, la justicia es más elástica que el hule y más acomodaticia que el agua en un recipiente. Aquí, todo se vale, menos no ser corrupto. Como muchos pastores e iglesias evangélicas ya lo entendieron, ahora están cómodamente ya sentados dentro del bus de la corrupción. Así, ahora aquí tenemos una narco-cleptocracia-religiosa. Desde hace bastante años, el evangelismo dirige la política exterior de Guatemala, a pesar de que constitucionalmente somos un estado laico.
En medio de todo este desmadre, lo ideal sería que, como candidato presidencial, surgiera un outsider; o, como se dice en buen chapín, que hubiera un gallo tapado, un personaje que no pertenezca al sistema, sino que venga a sacudirlo, aunque para participar acepte ir con partidos y políticos corruptos, porque, en este momento, lo mejor es enemigo de lo bueno. Si queremos una participación de un partido de solo niños de primera comunión, tendríamos que esperar el día del juicio final. Entre tanto, el gran reto de los demócratas de hoy es forjar una gran coalición para salvar a nuestra democracia, que, en el quirófano, se encuentra herida de muerte.
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