En la asignatura de Marketing y Publicidad del grado de Turismo de la Universidad de Baleares (UIB) se analizan campañas turísticas fallidas. Dentro ejemplo: una agencia promociona rutas del IMSERSO… en Twitter. Lo hizo en 2018 Halcón Viajes. El caso práctico le sirve al profesor para explicar no solo como no usar la red, sino como esta desorientó hasta el descalabro a un sector tan fuerte como el de las agencias de viajes físicas. La campaña de 2018 de Halcón Viajes es perfecta para ello porque 20 atrás, la agencia fundada por Juan José Hidalgo había estado en el otro lado, en el triunfador. Fue en 1996 con el famosísimo Curro se va al Caribe. El viaje costaba 59.900 de las antiguas pesetas, unos 360 euros al cambio actual. «Halcón democratizó las vacaciones en avión», explican desde la Universidad balear. «En los años 90 la gente se casaba y se iba a una agencia de viajes a comprar su luna de miel y lo primero que hacían era preguntar dónde podían irse», recuerda un profesor de la UIB. «Sí, Halcón había representado la democratización del viaje, pero internet supuso la democratización de la venta del viaje. ¿Se dieron cuenta en la empresa? No», continúa y con ello explica la última gran –y barata– operación del sector. La parte de agencias y turoperación (confección y venta de paquetes e vacaciones) de Globalia, que incluye Halcón Viajes, Travelplán, Viajes Ecuador, Globalia autocares… acaba de ser vendida por un simbólico euro, en una cifra extraoficial, a la hotelera Barceló. Igual que en la clase de Marketing de Baleares, para entender de forma rápida el final del imperio de Halcón Viajes, que llegó a tener 600 agencias en toda España, basta con recordar ◘–quien pueda– cuándo fue la última vez que pisamos una. La explicación larga habla de tres grandes crisis: internet, una sucesión familiar que nunca se produjo y el Covid. La historia de Globalia arranca en Villanueva del Conde, Salamanca, pasa por Curro y el Caribe y llega hasta nuestros días porque es, inevitablemente, una parte de la historia del turismo en España. La de un sector económico que trajo la modernidad a nuestro país pero que, a la vez, ha visto como algunos de sus negocios eran arrasados por ella. Por la tecnología y el algoritmo. Para entrar en el conglomerado Globalia viajamos en el tiempo. Hidalgo, mayor de nueve hermanos, había nacido en 1941 –«tras cuatro días de parto», cuenta él mismo– en un pueblo sin más negocio que la tierra. «Desde pequeño quería ser algo y si una cosa me salía mal pues buscaba otra», explica él. «Yo, madre, quiero volar tan alto como un pájaro», decía en casa de niño, recuerda en ‘Hidalgo, el vuelo del halcón’, el documental que en 2016 recogió su vida. Su meteórico vuelo despegó a los 19 años cuando le dijo a la familia que se iba a Suiza. Allí vio el negocio de los inmigrantes, que iban y venían. Volvió para la mili y aprovechó que los reclutas también necesitaban transporte. Con su primer millón de pesetas compró un autocar. En 1971 abrió su primera agencia Halcón en Alcántara, Cáceres. Al año siguiente, alquiló su primer avión. ¿Primer vuelo? Madrid-Zurich. La década siguiente fundó el turoperador Travelplán. A la otra, en 1991, compró una participación mayoritaria de Air Europa. Sumaba nueve aviones y 600 empleados. En 1998, con 57 años , agrupó todo en Globalia y con su holding aterrizó en Mallorca, epicentro del empresariado turístico español. Pero su carácter y su forma de trabajar no eran a lo que estaban acostumbrados los discretos hoteleros isleños como los Escarrer de Meliá o los Barceló. «Hidalgo es un gran negociante: es bueno comprando a 40 y vendiendo a 60. Con Air Europa se hizo una vez con fuel para aburrir y cuando subió el precio, logró un gran negocio; lo mismo con opciones de compra de aviones…», desgranan en la isla. Por eso, «no ha estado muy bien visto» en el microclima del sector turístico mallorquín donde siempre fue «el forastero». Algunos problemas judiciales, como uno centrado en el fraude en los descuentos de los vuelos de residentes, tampoco ayudaron. En mano de unos mallorquines, los Barceló, se queda ahora parte del que fuera el imperio Hidalgo. Lo hace dentro de la firma Ávoris. La marca se creó en 2021 aglutinando las divisiones de viajes de ambas casas, Barceló y Globalia, como el gran gigante del viaje en España. Barceló tenía un 50,5%, lo que dejaba a Globalia en una posición inferior. Sumaban 4.000 millones de facturación, pero necesitaron ayuda para no quebrar. La puso el Estado: 320 millones. La cuestión ha pesado, igual que la valoración de otras cuestiones financieras, a la hora de valorar la deuda real de la emblemática Halcón y compañía. «Ávoris fue una absorción encubierta» , señala un empresario turístico balear. En cualquier caso, Barceló, una empresa más hotelera, se enfrenta también a los retos no del futuro sino del presente. «Seguimos yendo a la gasolinera porque no tenemos forma de acceder al camión de la gasolina, pero con los hoteles y los viajes tenemos acceso directo al producto», explican. En Globalia lo saben. «Hay que reinventarse tras el Covid porque el impacto de internet ha sido más fuerte», explica a ABC Richard Clark, director general de Europa, uno de los directivos históricos de Globalia y hombre de confianza de Hidalgo. «Durante la pandemia, Air Europa llegó a vender el 80% por vía online», desgrana. «La fusión con Ávoris era un proyecto espectacular, iba a ser un monstruo, pero se lo ha llevado el Covid. Había poca deuda, pero mucho que estructurar, pero ha venido lo que ha venido…», asegura Clark. «Es una desgracia, pero a la vez, es lo mejor que te podía pasar porque no podías hacer frente a la deuda porque el impacto del Covid ha sido muy fuerte», insiste. ‘Que el último euro lo gane otro’ es una máxima que los empresarios intentan aplicar en los negocios cuando flojean. A Hidalgo, sin embargo, le ha tocado ganar ese último euro, el más doloroso, con una parte de su holding turístico. ¿Cómo está Pepe Hidalgo?, le preguntamos a Clark. «Tiene el dolor por dentro, pero es fuerte y no hay nadie tan capaz de reinventarse. Lo conocí en 1991. Yo tengo 59 años y no tengo la misma energía que entonces, pero él tiene 82 años y ahí está», explica el directivo. Hidalgo, el halcón hecho a sí mismo, aparece este 2022 en la lista Forbes en el puesto 99 de los ricos españoles con una fortuna valorada en 300 millones de euros. La venta de la división de viajes recortará esa cifra, pero la familia Hidalgo continúa siendo la propietaria de Globalia, el grupo en el que se integra Air Europa, considerada ahora mismo la joya de la corona. La aerolínea, por la que Hidalgo pedía 1.000 millones y que ya cuenta con capital de Iberia –su eterna enemiga–, ha tenido algunos novios. ¿Sigue en venta? «Puede pasar de todo», contesta Clark, «lo más importante es que seamos capaces de reinventarnos apoyándonos en la confianza del cliente, los proveedores y los empleados». Clark ocupa el cargo que un día perteneció a María José Hidalgo, la hija de mayor del patriarca. Pero a diferencia de Marta Ortega en Inditex o Ana Botín en Santander, su nombre no estuvo nunca en las quinielas de la sucesión y eso que «quizá es la que tiene una mayor visión empresarial», señalan desde Baleares. Hidalgo confió su puesto a su hijo mediano, Javier Hidalgo, el miembro de la familia que más páginas de papel cuché ha protagonizado. Quizá por eso el padre tuvo algunas reticencias. Tenían formas de vida distintas, bastaba con ver sus despachos. En el cuartel general que la compañía levantó en Pozuelo de Alarcón, Madrid, ambos tenían terraza. La del padre lucía diáfana, limpia, vacía. Javier, en la suya, instaló un chill out. «Javier es muy vivo para los negocios –él fundó Pepephone– pero no es empresario», explican directivos que han coincidido con él en el sector. Las dos veces que tomó las riendas de Globalia lo hizo, se cuenta, «con demasiado ímpetu». A l estilo, «Elon Musk en Twitter, despidiendo gente en una semana y luego arrepintiéndose», señalan fuentes conocedoras de la casa. Los cambios tan rápidos en compañías tan grandes –Globalia llegó a tener más de 15.000 empleados en 30 países– «a veces se estrellan». Uno de los conflictos más sonados de la familia, divorcio del patriarca incluido, tuvo lugar en 2013. La prensa recogió entonces como Hidalgo padre envió una carta de despido a cada uno de sus tres hijos. Cristina, la menor, se ha movido siempre en Marketing. Las aguas volverían a su cauce de diferentes formas, incluyendo el regreso de Javier como consejero delegado en 2016. En cualquier caso, hoy en Globalia dicen que no fue todo como se contó y recuerdan que la familia se quiere. Javier y María José están fuera, pero siguen siendo socios de Globalia que, además de Air Europa, mantiene su pata hotelera –Be Live– y otras inversiones. Si hoy Curro se quiere ir al Caribe, o a Estepona –donde Hidalgo tiene terrenos–, se compra él mismo el viaje. Pero sigue viajando. Y el halcón Hidalgo, invirtiendo.