PESTAÑA grupoe-espana-alemania-mundial2022 Opinión 7 Flick, seleccionador alemán, acercó su equipo al Bayern con Kimmich, Goretzka y la delicia absoluta que es Musiala. Alemania es medio Bayern, pero es menos que el Bayern; España es medio Barça, pero es más que el Barça . No seríamos masacrados. Luis Enrique hacía una declaración solemne y ambiciosa manteniendo a Rodri y el falso ‘9’. Estaba devolviendo a España al primer escenario del fútbol. «Se va a jugar a lo que yo diga» . Y a lo que juega España lo ha repetido el seleccionador: juega a dominar. No es el toque como algo estético, sino un dominio narrativo, lo gramsciano futbolero. Y enfrentándose a un gran rival desesperado, con un centro del campo superpoblado, España jugó a lo suyo, con las naturales concesiones: pases como por un desfiladero estrecho o circunvalaciones de Laporte. Alemania respondía y el duelo era una lucha igualada por el mando en la que el miedo adoptaba formas diversas: la renuncia al segundo extremo en Alemania (Gundogan donde Musiala y Musiala donde el extremo) o la prudencia de los laterales en España. La igualdad era tan grande que solo pasaban cosas cuando se presionaba a los porteros. Pero en esa lucha titánica España sobresalía por mayor posesión y por la viveza de sus extremos, Olmo (brillante) y Torres, puntas reales. Una velocidad de la que carecía Alemania. España sufrió en un balón parado, un gol anulado a Rudiger. La alegría del ‘desgol’ es más sabia que la del gol, por cierto. No tiene euforia; es un aprendizaje sin dolor, un escarmiento gozoso que España se llevó al descanso. Con sus nuevos principios intactos, la lucha de España contra Alemania tenía un calado . El toque español, que había sido superado por la mezcla alemana de guardiolismo y ‘gegenpressing’, volvía a querer y a poder mandar. A equipararse. Esto ya era un triunfo de Luis Enrique, una obra conseguida. Y es curioso, cuando Alemania se creció (debía hacerlo) y en su presión asomó el temible equipo de siempre, y tembló nuestra ‘estructura’, salió Morata y apareció Unai, la ‘otra’ selección : los talismanes, la inspiración, los polos psicológicos: los furiosos desmarques y el puro reflejo. Paró Unai, con su ángel, y marcó Morata, que ya dijimos era el símbolo de la selección, ¡porque era el estoicismo hecho delantero! Su relación con el fallo y la suerte es eso, ¡y no lo veíamos! A España le faltó experiencia para aguantar el marcador, aunque lo importante lo había hecho ya Luis Enrique con su Rodri-Busi-Pedri-Gavi-Asensio, que es como la varilla de un zahorí sobre el terreno de juego. España había vuelto un largo rato al electromagnetismo y al ámbito del dominio . No es tocar, es mandar.