El Rayo fulmina el liderato

PESTAÑA j13-rayovallecano-realmadrid-liga22/23 crónica 4 COMPONENTE Ficha Crónica 2301711 En la primera jugada del partido, Vinicius se fue directo al área, como acostumbra, y con su regate obtuvo la amarilla de Catena. Primera falta, primera tarjeta. Vinicius sonreía de felicidad, pero ni el criterio ni el partido serían así. El Rayo fue desde el instante siguiente un vendaval casero de presión y velocidad. Y marcó muy pronto. Una jugada rapidísima de los García, de Álvaro a Fran, que centró para el remate zurdo y de primeras de Comesaña. Un golazo colectivo fabricado por la izquierda del Rayo, que era la mejor en esos minutos. El Rayo era dueño y señor: dueño de la pelota y señor del campo y la presión, con el Madrid acogotado en su campo. Tardó casi veinte minutos en intentar una jugada de varios toques. El centro del campo hacía aguas, se veía superado por un ritmo superior. La única salida madridista era Vinicius, sobre el que se ensayó un nuevo recurso defensivo con la total permisividad arbitral: Balliu, superado en la carrera, le arreó un cate por detrás y a dos manos que tumbó a Vinicius, rodando banda abajo. Aun pedían amarilla para el brasileño, al que poco después, en un dos contra uno, tiraron del rectángulo con un empujón (de Isi, en la ayuda) como quien echa a un forastero demasiado gracioso del bar del pueblo. Ni palabra del árbitro, ni palabra del VAR. Hay con Vinicius una especie de reto colectivo liguero, que va desde la prensa hasta el último lateral derecho, y que por supuesto pasa por los árbitros, para que el joven no brille, no drible más, no sonría tanto. Es el mejor jugador de la Liga, el ganador de la Champions, el titular con Brasil y le van persiguiendo por el campo como si fuera un facineroso y un problema del campeonato. Es lo nunca visto. ¿Acaso iban los laterales dándole capones impunes a Messi cuando empezaba? Como el Madrid era Vinicius, y bastante tenía Vinicius, Ancelotti empezó a mover las piezas en el centro del campo, como si Vallecas exigiera una escala nueva. Lo primero fue permutar a Valverde con Asensio, que devuelto al extremo entró en el área, ganó la pelota y la posición y fue derribado por el defensa de forma clara. Como la claridad no era evidente al árbitro, el VAR se lo tuvo que indicar tras varios minutos para la certificación. Un poco más y llaman a un notario. Munuera pitó y Modric marcó venciendo a Dimitrievski con una serenidad pasmosa. Como interiorizando en su ritmo el panenka, como panenquizándose todo él. Es muy difícil ver que un lanzamiento de penalti da paz. Modric dio paz al lanzar. Ancelotti cambió más cosas ante el colapso en la media; centró a Modric y puso donde Kroos a Tchouaméni, perdido y con problemas en el cortísimo plazo que imponía la presión rayista. Más recompuesto el Madrid llegó un córner que supuso el 1-2. Militao se zafó de la marca y con el sitio ganado esperó el balón quieto, y en esa posición, con escorzo pasmoso se elevó hacia atrás y remató con un giro de cabeza con el que recogió la pelota como si lo hiciera con una pala. Fue un golazo sorprendente. El resultado era agua fría para el rayismo, y quizás injusto, y antes del descanso lo remedió Álvaro García, rematando una jugada colectiva en la que la defensa blanca fue como un mirador agradable por el que se fue paseando el Rayo hasta llegar al zurdo, que remató con fuerza venciendo las manos de Courtois, y vengándose, porque al principio del partido le había quitado un gol con una parada de categoría Champions. Noticias Relacionadas estandar No Sorteo Champions League Escabechina de favoritos Rubén Cañizares estandar No Fútbol Los 26 de Brasil para el Mundial Justo antes y justo después del descanso el Madrid tuvo dos contras peligrosas que fallaron Vinicius y Rodrygo. Ya dejaba espacios el Rayo, que seguía atacando apasionadamente por las dos bandas. Era un partido para alegrar un lunes, un espectáculo de ritmo, un toma y daca que tenía su zona de mayor claridad y peligro en la izquierda rayista de Fran García. Llevado por el pathos, Iraola fue expulsado. Cuando no era Fran era Álvaro, que en una rápida contra superó a Carvajal forzándole a unas manos ya pitables y asumidad. El penalti (Trejo) lo paró Courtois. Pero se repitió por adelantar sus pasos el portero y Trejo no falló. Ancelotti sacó a Tchouaméni, con problemas hasta para encontrar el banquillo (no olvidará Vallecas) y Camavinga pasó a mover el equipo. El Madrid estaba tan mal como en la primera parte, si no peor, porque ya no aparecía Vinicius. La labor del equipo tendría que ser hacerle llegar un balón, al menos uno. Cuando lo tuvo por fin, fracasó. El más entonado era Asensio (el que lucha por el Mundial, curiosamente) y entró Mariano por Modric, declaración de impotencia más que de esperanza. Se colgaron balones, pero el Rayo seguía firme. El Madrid se puso a apretar en el descuento. Esta vez, un poco tarde.

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Author: Pablo Perez