En Guatemala, hoy se celebra el Día del Periodista. Del periodista profesional. Del periodista que no recibe dinero para alabar a los funcionarios públicos ni a personajes económica o socialmente encumbrados. Día para la reflexión sobre una tarea que, para el comunicador, es apasionante; y que, para el público, resulta muchas veces incomprendida, porque hay poco o ningún entendimiento de los riesgos que corre el periodista por negarse a la compraventa de información y opinión.
Emblemáticamente, la de hoy es, por ahora, la última edición impresa de elPeriódico, que no puede soportar más el acoso económico del gobierno, realizado ahora inclusive a través de la IVE que, a propósito, utiliza el tortuguismo burocrático, para detener donaciones del extranjero, varias de ellas realizadas por prestigiosas fundaciones internacionales de prensa. Con todo ello, a quienes más perjudican es a los trabajadores que no pueden recibir su salario, del cual depende la manutención de muchas familias.
Para la historia, elPeriódico será una víctima del enojo y encono de la cúpula gubernamental, que no aceptó nada que se les opusiera. Teniendo cuero de danta, se exhiben con una piel sensible a las inclemencias del medio ambiente. A todo lo que no sea alabanza. ¡Qué gran contradicción! Si no aceptan el debate y crítica pública, que no se postulen para cargos de elección popular, que son remunerados generosamente con los impuestos que todos pagamos.
En un mundo crecientemente digital, ahora elPeriódico llegará a los guatemaltecos de una forma más actualizada, sin perder su compromiso por la lucha de investigar y divulgar lo que los funcionarios públicos no quieren que se sepa. Como este medio lo dijo el domingo pasado: “No nos vamos, estamos preparando el futuro”. El presente ya es digital y el futuro lo será aún más.
Como esta es mi última columna escrita, hoy abogo por una Guatemala con libertad de prensa, que es columna que sostiene a la democracia. Una democracia hoy asfixiada. Pero, como ocurre con las aves migratorias, volverá con la primavera. La libertad es un privilegio del ser humano, que es de tal magnitud, que no se la pueda encarcelar. Esta no conoce barrotes ni se queda encerrada en bartolinas infames como aquellas en las que hoy se encuentran Chepe Zamora y Flora Silva. La intolerancia las refundió en ellas. Pero Zamora y Silva nacieron para ser seres humanos libres, no esclavos.
En los tanques de pensamiento del mundo ya no hay duda de lo que ocurre hoy en Guatemala.
Juicio justo para Zamora y Silva.
Prisión domiciliaria para Zamora y Silva.
No a la represión de los periodistas independientes de Guatemala.
Viva la libertad de prensa.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.