En los últimos meses hemos perdido a valiosas figuras de la vida venezolana. Entre ellos, quisiera nombrar a tres personas que dedicaron su fuerza, su intelecto y sus proyectos a construir no solo un mejor país, sino a aportar sus energías, hasta el último aliento de sus existencias, a favor de una educación de excelencia, innovadora e incluyente, con amor y pasión por una patria ahora enferma de egoísmo y mezquindad, martirizada a causa de la corrupción, el oportunismo y la ausencia de ética pública.