Indiferencia ante crisis migratoria

Con el paso del tiempo hemos llegado a normalizar una situación que de normal no tiene nada, a no ser porque la migración ha sido consustancial al ser humano. Una verdad histórica que pocas luces aporta para comprender mejor la complejidad de este fenómeno en nuestra región. Las condiciones que caracterizan estos a los flujos migratorios modernos en Mesoamérica merecen toda la atención por parte de los gobiernos de la región, sociedad civil, organismos internacionales y ciudadanía en general. 

Normalizar las precarias condiciones que viven los migrantes durante su trayecto en nada ayuda a visibilizar y resolver los problemas asociados con este fenómeno. Las carencias, abusos, arbitrariedades y violaciones de derechos a los que están sujetos los migrantes no son una “anomalía focalizada del sistema”, por llamarle de alguna manera, sino el modus operandi del mismo. Ocioso sería pretender listar cada uno de los elementos de este sistema, funcionamiento y forma de interacción; bastaría con que nos pusiéramos un momento en el lugar de los migrantes e imagináramos la situación que viven para que comprendiéramos la naturaleza sistémica del problema. O bien, viajar a la frontera con México para atestiguarlo de primera mano.

La migración se explica por la falta de oportunidades económicas, inseguridad física y de la propiedad, impunidad, violencia, así como por la inefectividad de los mecanismos de protección a los migrantes; la poca información sistematizada acerca de este fenómeno; y la indiferencia de las autoridades y ciudadanía de los países expulsores, de tránsito y receptores de migrantes. Complicados problemas sobre los cuales poco puede hacer alguien a nivel individual, salvo superar la indiferencia respecto del sufrimiento de los migrantes. Cada paso que dan cuando cruzan nuestro territorio es una advertencia de que cualquiera de nosotros podría ser el próximo. Algo debería decirnos que miles de personas crucen a diario nuestras fronteras y no estén interesados en detenerse en nuestros países; nos guste o no, tantito más o tantito menos, su determinación de seguir adelante es un grito a nuestras conciencias, para que despertemos de una vez por todas de este sueño que nos hace creer que los que se quedan son distintos a los que se van. En el sentido histórico y simbólico, migrantes y no migrantes somos una misma comunidad de destino: víctimas todos de la disfuncionalidad del sistema. Debemos comprender que lo que hagamos por ellos, lo hacemos por nosotros mismos hoy o mañana.

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Author: Maria Suarez