Nos rebelamos contra los secuestradores de la política de cualquier lado, que se mueven bajo el signo de la banalidad, la superficialidad y la corrupción; contra los candidatos que no están vinculados con la gente, que perdieron hace rato la representación política. Este es el desafío de la elección planteada: dotarnos genuinamente de una nueva dirección con coraje y principios republicanos, romper con las desviaciones del G4 y jamás reforzar ese orden. Deslastrarnos de la mentira que ha pululado dentro del ecosistema criminal que alguna representación vacía pretende reeditar, reproduciendo sus valores y siendo cómplice, regándolo para que se haga invencible. Son los virreyes del decir y no hacer. Esto sería un fraude anticipado. No podemos lavar esa etapa improductiva y fallida del elenco del fracaso, no hay vínculo emocional con ese chiquero. No vamos a consentir en la entrega del país y nuestros valores y principios, y mucho menos dejar atrás el cuestionamiento por el origen y uso del dinero.