Pareciera que nos convertimos en seres espectrales perdidos y sometidos a los diarios vaivenes de las corrientes de opinión, con un centímetro de profundidad y conciencia, y pasamos, por tanto, a expresar nuestras posiciones de vida en términos movedizos de un día para otro, descuidando lo fundamental de vivir una vida con convicciones y propósito. Avasallados por la metralla de influencers cambiamos de posición sin mediar análisis de rigor. Un ejemplo lo tenemos en la polémica en torno a las sanciones impuestas al ecosistema criminal por haber privado a los venezolanos de alternabilidad democrática. Sostenemos que en estos 24 años de desmantelamiento moral e institucional la sanción es el régimen.