Escuchamos las previsiones para el próximo año. Poco halagüeñas la inmensa mayoría, algunas que se descartan por sí solas por apocalípticas y otras, las previsiones sectoriales, criticadas muchas veces por tratar de trasladar a la sociedad un optimismo quizás excesivo, pero que resulta del todo legítimo y hasta razonable, por cuanto su intención es evitar que el miedo, otra de las grandes enfermedades del espíritu junto al pesimismo, haga mella en la razón y anticipe resultados en exceso negativos. Con todo, quien les escribe siempre ha tratado de trasladarles optimismo desde esta Ciudad Abierta poniendo extrema atención, sin embargo, para no caer en la irrealidad o en un mero voluntarismo que aleje el diagnóstico del entendimiento. Es por esto por lo que hoy afirmo que una ciudad como Madrid no sólo no debe y no va a parar ni a dejar de aproximarse al modelo que entre todos dibujemos, tampoco va a frenar en 2023 en su recorrido por ese camino que, lejos de ser utópico, constituye garantía de futuro y de construcción de una de las más importantes urbes del mundo, convertida ya en referencia en Europa y América por su capacidad para generar riqueza y por la fortaleza que le imprime una sociedad vital, proactiva, enérgica. Y es en este punto donde hemos de insertar la consideración que los madrileños comienzan a tener sobre su urbanismo y sobre el modelo de ciudad que pretenden. La curiosidad, a la que siempre he considerado la más poderosa herramienta de la razón, me lleva a hablar con frecuencia sobre ciudad y urbanismo con abogados, arquitectos, geógrafos, sociólogos, empresarios, ciudadanos. Muchos coinciden. Nos vamos separando de las concepciones clásicas del suelo y del urbanismo , concebido como disciplina científica encargada de proteger aquel bien jurídico que constituye su objeto, para avanzar en una concepción más integradora y, permítanme, mucho más eficaz de la ciudad. Parece que vamos superando las teorías capitalistas y socialistas y su base economicista respecto a la concepción del suelo. Empezamos a considerarlo mucho más que un elemento generador de derechos y obligaciones, vamos alejándolo de su observación como herramienta productiva. Entendemos el suelo como configurador de una realidad superior, menos física y más inmaterial por integradora de las diferentes realidades y sensibilidades que la conforman, la ciudad. No podemos, no obstante, paradójicamente y muy a pesar de esa nueva concepción, dejar de considerar esa base o espacio físico como el elemento constitutivo y garante del crecimiento y de la adecuada ordenación y gobierno de la ciudad. Y en ello hemos de estar, más allá de la inmediatez de las previsiones económicas. En otra incursión en esta Ciudad Abierta hablaba de que Madrid había aprovechado el año que termina para sembrar, de forma equilibrada y muy acertada, el germen de muchas actuaciones que definirán su futuro a medio y largo plazo. Acertada por haber considerado los dos aspectos esenciales que comporta aquella nueva concepción urbana, el crecimiento sostenible y la regeneración y rehabilitación de la ciudad existente. 2023 podrá no ser el mejor año para la economía y comenzará siendo muy difícil para muchos madrileños. Esperemos que las peores previsiones no se confirmen y que el trabajo, la ilusión y una justa y necesaria dosis de suerte, alivien las posibles dificultades . Los nuevos desarrollos urbanos del sureste de Madrid, viveros de vivienda asequible y generadores de ciudad, podrán centrarse en la maduración de sus proyectos con la vista puesta en la mejora de las condiciones de los madrileños, contribuyendo a crear ese Madrid universal que pretendemos. El crecimiento de Madrid por el norte, cimentado en la mayor actuación regeneradora de Europa, habrá de materializar el nuevo modelo urbano. El punto de partida no sólo es retador, sino que otorga cuerpo y naturaleza a la nueva concepción de que hoy les hablo: crecer regenerando. Noticia Relacionada tribuna: ciudad abierta estandar No El urbanismo y la integración frente a las bandas Marcos Sánchez Foncueva Marcos Sánchez Foncueva, CEO de la Junta de Compensación de Valdebebas, asegura que «la condición esencial que ha de impregnar cualquier proceso que se pretenda integrador ha de ser el intercambio y la mezcla» Respecto a nuestras administraciones, su papel será también esencial. A pesar de que el próximo será un año convulso por las próximas elecciones municipales y autonómicas, han de aprovechar lo que nos queda de año y hasta la convocatoria electoral para apuntalar políticas y estrategias. Deben seguir con el empeño de la adaptación progresiva de la legalidad a la realidad de Madrid y de sus ciudadanos. Deben acompasar legislación y acción. Han de reforzar y prestigiar los mecanismos de disciplina urbanística. Deben procurar la introducción de una profunda reflexión económica en los instrumentos urbanísticos y territoriales, que permita a los madrileños, precisamente, olvidar el aspecto económico que ellos orillan en su nueva concepción y en su nuevo modelo de ciudad. Siempre ha sucedido, la única manera de trascender la economía es dotar a las bases de la acción urbana o territorial de un estudiado y trabado armazón económico. Sin esa previsión, sin esa profunda reflexión, seguiremos anclados en una concepción urbana en la que, más paradojas, prime el resultado económico sobre el modelo urbano realmente esperado.