Cada vez discutimos más sobre cómo discutir. El uso del lenguaje, el tono en el que hablamos, las posturas que adoptamos y demás maneras en las que nos expresamos, se han colocado en el centro de muchas conversaciones personales y profesionales.
Manifestaciones de apoyo a Elon Musk tras la compra de Twitter y la reintegración de la cuenta de Donald Trump, transmisiones políticas en Twitch protagonizadas por Alexandria Ocasio-Cortez y el uso de Tik Tok como plataforma para expresar posturas y chismes políticos, se han convertido en el caldo de cultivo perfecto para convertir a la libertad de expresión como hilo conductor del trasfondo de lo que acontece.
Por otro lado, el mero empleo de expresiones y palabras, significan en sí mismas demostraciones de convicciones, prejuicios y posturas políticas. El uso de lenguaje inclusivo y pronombres para reconocer la autoidentificación de género, por ejemplo, significan un conjunto de convicciones progresistas. Mientras la defensa del lenguaje convencional demuestra una serie de posturas más conservadoras.
Sin entrar en detalle, en los ejemplos mencionados, es fácil intuir las razones que han convertido a la libertad de expresión, en tema de especial atención para todos los espectros ideológicos.
Ahora bien, entendiendo que la violencia es inaceptable de forma verbal, física, psicológica y digital. Todos deberíamos ser capaces de expresarnos de forma libre sin miedo a represalias violentas de ningún tipo. Dicho esto, y bajo el entendido que todos deberíamos ser capaces de expresarnos de la forma que mejor nos parezca, también surge de manera natural la preocupación por ser libres de pensar.
Si bien es cierto que no existe tal cosa como una especie de independencia absoluta de pensamiento en términos de influencias biológicas, sociales y académicas, también lo es que los individuos somos capaces de decidir libre y responsablemente en lo que creemos y por consecuencia, de cómo lo articulamos.
Nuestras creencias, posturas y expresiones, se convierten en herramientas de expresión de nuestra identidad.
Resulta intuitivo y relevante entonces, hablar de la urgencia en medio del debate de la libertad de expresión y pensamiento, la importancia por saber quienes somos, además de la relevancia que la coherencia entre lo que somos y expresamos, además de en dónde y con quién lo hacemos.
La coyuntura nos presenta entonces la oportunidad para evaluar la calidad de nuestros argumentos y posturas, no solamente en términos de calidad académica, ni moral, sino además ética.
En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.