Me he reencontrado con mi e-mail, perdido aproximadamente por un mes, lo que provocó que varios de mis lectores me hicieran llegar por distintas vías un llamado a no cejar en la escritura de los artículos que envío haciendo uso del “Internet”. Doy las gracias a mi hijo Oswaldo que provocó el reencuentro, no sin dejar de resaltar la incompetencia del padre para manejar el instrumento, aunque lo largo del período de aislamiento de mi parte, no se debió únicamente a mi propia incompetencia, sino a la infinitamente más grande incompetencia del suplidor del servicio que como ocurre con toda dictadura al perseguir la libertad de expresión no se contenta con nacionalizar, más bien estatizar, o mejor aún, como lo definiera el historiador Manuel Caballero (q.e.p.d.), si mi memoria no me falla, “gobiernizar” a los medios de comunicación: prensa, radio y televisión, que para ser eficaz su medida requieren que su control se extienda a ese medio que trasciende las fronteras de los países, como lo es el “Internet”.