Todos los países desarrollados tienen muy clara la amenaza que representa China Continental para las democracias y la civilización Cristiana Occidental.
El papel burdo de marioneta barata que ha desempeñado Vladimir Putin al servicio de Pekín es una muestra irrefutable de a quien sirve y a quien beneficia la invasión ilegal de Ucrania, mal llamada “operación especial” en el afán de tomarle el pelo al pueblo ruso, más no así a la comunidad internacional.
A los ciudadanos rusos probablemente no les importe el legado de su sádico y demente dirigente, pues seguramente será una mancha más al tigre en su negra y obscura historia, en donde siempre se han caracterizado por provocar a propios y extraños todo tipo de dolor, multiplicar la miseria y exportar la muerte.
El compromiso entre Rusia y China va más lejos que una simple amistad, implica como bien dijeron una relación “sin límites ni áreas prohibidas de cooperación”.
Lo cual deben de entender muchos de los ingenuos de estas latitudes, quienes, según ellos para estar protegidos, buscan relaciones diplomáticas con China Continental, bastaría que leyeran los compromisos que hicieron y firmaron con Ucrania, jurando defenderlos ante cualquier posible agresión nuclear, situación que llevó a los ucranianos a prescindir de su armamento nuclear y no comprender, que el lobo usaba piel de oveja y que con dicha firma sellaban el futuro de una nación al matadero.
El ejército ruso ha perdido la moral y no entienden ni saben porque luchar, dependen de sus mercenarios que ahora construyen una mediocre línea de defensa, que han bautizado bajo el nombre de Wagner, comparándola con la línea Sigfrido de Adolfo Hitler, ante el avance de las tropas ucranianas.
De igual manera Putin ante la presión y la crítica por la debacle de su ejército ascendió a general a Kadyrov, un carnicero que ha construido en Chechenia un ejército leal solo a él, pero no a Rusia.
Putin les dio el poder de ser una “dictadura dentro de otra dictadura” bajo la consigna de no molestar, pero ahora que la debilidad y mediocridad del Fuhrer de Rusia es tan obvia, los expertos predicen que es solo cuestión de tiempo en que personajes como Kadyrov y Prigozhin muerdan la mano del amo y Putin no podrá neutralizarlos, mucho menos enfrentarlos.
La gran ganancia de Putin ha sido, aunque muchos no lo vean, el fortalecimiento momentáneo de su dictadura hacia adentro de su país, en donde las libertades individuales elementales prácticamente han sido eliminadas y la violación de los derechos de los ciudadanos restringidos y usados en su contra.
Las atrocidades y el ensañamiento contra la población civil de Ucrania van en aumento, los ataques con drones y los bombardeos a instalaciones eléctricas y hospitales pretenden minar la moral de los ucranianos, Rusia ha destruido el 90 por ciento de las instalaciones eólicas de Ucrania, así como un 50 por ciento de sus plantas solares.
El aparato publicitario de falsedades y mentiras conocido como RT (Russia Today) continúa llamando al odio permitiendo escritos que piden matar, ahogar o quemar a los niños ucranianos, en la lista negra de la Comunidad Europea figura Margarita Simonian, directora de RT, como figura central de la propaganda del Gobierno ruso.
Incluso mataron al director de una orquesta por negarse a tocar en honor al Fuhrer y solo pudieron reunir a un quinteto “de traidores” para que dieran el concierto en lugar de la filarmónica.
Todo con el silencio y el apoyo incondicional de China Continental, en esta locura cuyo único objetivo reconocido por Rusia, es crear “una catástrofe humanitaria no vista desde la Segunda Guerra Mundial”, como definió el primer ministro ucraniano, Denys Shmyhal.
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