En los tiempos que corren, no es demasiado paranoico temer que con un ataque a Polonia puede empezar otra nueva guerra mundial. Sobre todo, con la terrible racha que ha tenido Rusia durante los últimos días. Primero una humillante retirada de Jersón por mucho que el Kremlin haya intentado presentarlo como si fuera una especie de Dunkerque, pero con Putin en lugar de Churchill . Y segundo, el creciente consenso internacional expresado en la cumbre del G-20 de Bali contra la invasión de Ucrania. La accidental y letal caída de un misil antiaéreo (made in Russia, reciclado por Ucrania) en territorio fronterizo de Polonia ha servido para recordar que el riesgo de escalada ha estado presente en la guerra de Putin desde el primer momento. De hecho, el imperativo de evitar una confrontación directa con Rusia ha forzado a la OTAN a calcular cuidosamente qué tipo de armamento suministrar a Ucrania, descartando aviones, carros de combate o sistemas de artillería de largo alcance. A pesar de todos estos miramientos, el grueso de este respaldo logístico (comparado al puente aéreo iniciado en 1948 para garantizar los suministros de un Berlín occidental sitiado durante casi un año por Stalin ) ha pasado por el cuello de botella de Polonia. Como también ha sido Polonia el país europeo que ha acogido a un mayor número de refugiados, con riesgo de que esa cifra se multiplique con los rigores invernales forzados por los ataques rusos contra la infraestructura eléctrica de Ucrania. Noticia Relacionada estandar No La OTAN considera que el misil caído en Polonia «no era un ataque deliberado» Enrique Serbeto Polonia asume los impactos no intencionados y llama a la población a la calma En cierta manera, este protagonismo ha sido una reivindicación de Polonia. Sus líderes llevaban mucho tiempo advirtiendo a sus socios de la Alianza Atlántica y de la Unión Europea sobre el riesgo de una agresión por parte de Rusia. La invasión de Ucrania les ha dado tristemente toda la razón a pesar del cómodo diagnóstico occidental de padecer un grave trastorno de estrés postcomunista. En estos ocho meses, Polonia se ha transformado en el eje central del esfuerzo para defender a Ucrania y disuadir a Rusia, una tarea tan importante como peligrosa.