El solo hecho que resultara electo Presidente de Brasil, un individuo condenado y encerrado por corrupción, diría mucho de los sistemas de justicia y electoral de ese país. La historia de cómo un delincuente y expresidiario pudiera conservar sus derechos políticos para presentarse a una elección presidencial, con la pequeña ayuda del sistema judicial de Brasil, es algo que escapa al objeto de esta nota.