Imagínese un campo de fútbol, mucha grama, medidas FIFA como en Qatar 90 metros por 110. Once jugadores, digamos que con franela roja, juegan torpemente pero con entusiasmo unos contra otros, evolucionan, corren, chocan, chutan, uno con bigote grande y enorme tórax, es el portero. Si a usted le parece bien, lo llamaremos “campo rojo”.