Arrieras Somos

Las mujeres sabemos que las luchas por la justicia son de largo aliento, que las mentalidades no cambian de la noche a la mañana y que el patriarcado todavía está arraigado como sistema socioeconómico en casi todo el planeta. A donde miremos, encontramos expresiones de cómo se privilegia a los hombres y se menosprecia a las mujeres. Por muy lamentable que sea, sigue siendo así.

Ante una verdad tan tajante, tenemos varios caminos. El peor es la negación, maquillada de ignorancia o resignación, porque nos obliga a evadir hechos que día a día vivimos en carne propia, y así, nos va carcomiendo hasta desahuciarnos. Otra vía es darnos cuenta que estamos sumidas en un sistema tal, pero sin inmutarnos o sin correr el riesgo de enfrentarlo. El tercero es el de decidir ponerle un hasta aquí, que implica empeñar la vida en luchar contra una hidra implacable y poderosa, pero con la alegría de construir el mundo que deseamos.

Las feministas, al descubrir cómo funcionan las opresiones, damos un paso inmenso que nos saca de la ignorancia y despierta nuestras potencias. Luego, al asumir nuestro papel en ese juego perverso, tenemos la opción de darnos por vencidas, salirnos o intentar vencer al adversario, que como dijimos, es un monstruo grande. Y si nos comprometemos con nosotras mismas y con otras a luchar, sabemos que no será fácil y tampoco a corto plazo. Pero se cosechan triunfos y se dan pasos grandes hacia la emancipación, con lo cual salimos fortalecidas todas.

Virginia Laparra, fiscal de Quetzaltenango está dando muestras de una valentía y resiliencia admirables. Su actitud ante sus enemigos, su seguridad al defenderse y la ternura que acompaña su fortaleza merecen reconocimiento. Ante las adversidades está poniendo en alto a las mujeres que no se dejan, que ponen por delante su dignidad.

Como ella, en todos los territorios encontramos personas que se plantan ante los abusos, sabiendo que corren riesgos. Su ventaja radica en que su lucha es por el bien común y no por voracidad, lo que tarde o temprano traiciona acuerdos y pasa por encima de leyes y normas.

José Rubén Zamora, como director de un medio de comunicación que puso sobre la mesa los delitos de los gobernantes de turno y que abrió espacios para la discusión, está en prisión, víctima de los grupos criminales que han copado al Estado. Él representa, junto con presas y presos políticos que defienden territorios y derechos humanos, esa voluntad política por sacar a Guatemala del pantano en que se encuentra.

La juventud, contrario a lo que se repite, no está ajena a las problemáticas nacionales. Allí está el estudiantado en las calles, dando cátedra de dignidad, al negarle a un aspirante a rector sin escrúpulos, apropiarse de nuestra universidad pública.

Ejércitos y policías han cometido las peores atrocidades con el objetivo de apagar el fuego de la rebeldía, pero todas sus armas y todo su odio no han podido contra el amor a la vida y a la dignidad, inherentes a todas las personas.

En la sección de Opinión se publican columnas como contribución al debate público, las cuales son responsabilidad exclusiva de su autor y no representan la visión de elPeriódico de Guatemala o la de su línea editorial.

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Author: Maria Suarez