Este año marcó el cierre de varios ciclos hermosos que nunca hubiera deseado ver concluidos porque me dieron vida, fuerza, conciencia y muchos sueños que me hicieron la mujer que soy
Hoy es el último día del año 2022, un año profundamente difícil que jamás olvidaré y que quedará grabado en mi memoria y en mis sentimientos por sus profundas implicaciones en el plano personal, familiar y en todo mi contexto que fue alterado. Este año, junto con el caer de sus hojas, que iban desprendiéndose una a una, de esa misma forma, desde que inició el año 2022, nos fue arrancando a seres profundamente amados de nuestro entorno cercano y que fueron claves en mi vida y en la vida de mi familia biológica y de mi familia construida en diferentes contextos y lugares. No puedo negar que todo mi ser, sin poder encontrar, aunque sea respuestas paliativas, ha tenido que soportar la separación física de seres únicos se fueron, que se marcharon con su luz, llevándose una parte de mi corazón que por momentos ha terminado en mil pedazos y reconociendo que en lo que me queda de vida terrenal, este corazón que intenta seguir latiendo, jamás volverá a ser el mismo. Aunque lo intente.
Este año que hoy se apaga, sin esperarlo se terminó convirtiendo para mí, en un verdadero parteaguas, que trajo tejido en sus meses, semanas y días, un cambio de época inesperado, porque marcó el cierre de varios ciclos hermosos que nunca hubiera querido ver concluidos porque me dieron vida, fuerza, conciencia y muchos sueños que me hicieron la mujer que soy y que ahora se han ido transformando a golpe de ausencias y de profundos silencios. Y es el año que me recordará que, a fuerza de intentar sobrevivir se convierte en el inicio de otro ciclo, en el que aún intento buscar o encontrar mi lugar, sin saber si al final lo hallaré nuevamente.
He querido escudriñar en mi pasado, buscando encontrar justificaciones, y me topo con que nunca antes, que yo recuerde o que yo encuentre, en un solo año debimos despedir de manera simultánea a mujeres y hombres de nuestro círculo cercano, la mayoría de ellas y ellos, de manera inesperada y pronta. En lo personal, estoy aquí, cargando las heridas aún abiertas, aun suturando, sin encontrar una leve cura, porque en el fondo no existe, ante esa imposibilidad de habernos podido decir adiós o hasta pronto. Ante la falta de haber podido reír por última vez, de haber podido conversar, compartir una última merienda, abrazarnos fuertemente o decirnos cuánto nos echaríamos de menos.
Las y los que quedamos, intentamos decirnos unos a otros, que el tiempo será nuestro mejor médico, que durante las noches la abuela luna nos llenará de mensajes que armará con las estrellas mientras el ajaw sol, irá secando este mar en donde ahora nos movemos, para dejarnos ver la belleza de cada amanecer en el que sentiremos que la fuerza de quienes se adelantaron sigue con nosotros, motivándonos a seguir luchando mientras sigamos respirando.
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