De las Chinamas a Guatemala: penoso deterioro vial

Las áreas metropolitanas centroamericanas y sus conexiones viales  tienen agudos problemas de tránsito, y  las soluciones dependen  de la presencia de planificación urbana y un adecuado sistema de adquisiciones públicas. La planificación implica el diseño de adecuadas bases técnicas y uniformarse a estándares internacionales. Resulta penoso salir de las Chinamas y entrar a la dizque carretera de Jalpatagua, descuidada en todo sentido, sin el mínimo de mantenimiento en el espacio que se conoce como el derecho de vía.

No entiendo cómo los grupos de interés y económicos, incluyendo las asociaciones de transportistas no presionan de una forma más sólida y coherente, pues a lo anterior hay que añadirle los engorrosos trámites migratorios y aduaneros, realizados en verdaderos embudos de instalaciones que no han mostrado en cincuenta años una mejora alguna en el paso de vehículos. Tan sólo trate usted de preguntar por un baño en tales espacios y se dará cuenta de las aventuras que bien muestran el maltrato al turista, tema éste que el INGUAT debiera contribuir a solucionar.

Como la comparación es la base de la competitividad, produce envidia de la buena observar cómo en El Salvador se notan los avances viales en trayectos en fase de ampliación como el de San Juan Opico, en una bifurcación entre Santa Ana, La Libertad y la San Salvador. Se tiene planteado allí una obra de más de 15 millones de dólares en la que son de notar los avances en fechas recientes.

Así el paso desde esos entornos logísticos hacia el occidente salvadoreño y los departamentos de Sonsonate y Ahuachapan es expedito y seguro en términos de sortear los abundantes baches, que como un gigante queso suizo se observan tan sólo con dejar los trámites de esas vetustas y tradicionales casonas de migración y aduanas, en donde dicho sea de paso, la del lado de las Chinamas está siendo totalmente remodelada en sus instalaciones.

Según conocedores de la realidad jutiapaneca y santarroseña todo depende de cómo pujan ciertos diputados distritales o bien alcaldes para que se ejecuten pedazos de obra pública, sin simetría ni bases técnicas similares, lo que se conjuga con el desorden prevaleciente en los breves pasos con dos carriles en cada vía, que pretenden tomar la forma de autopistas que  se encuentran  muy dañadas y en tramos diversos de reparación sin una adecuada señalización y muy peligrosos para cualquier viajero distraído: en cualquier momento le aparece a uno un tremendo trailer o autobús de pasajeros contra la vía debido a la anulación temporal de los pasos del otro lado de un arriate pésimamente conservado por cierto.

El tramo entre Valle Nuevo y Los Esclavos es parte de una mal llamada  “carretera”, a la que se le va dando un deficiente mantenimiento por tramos o pedazos, de una manera similar a la  que caracteriza a la obra pública hormiga del país,  y fragmentada y carente de planificación y buen sustento técnico arquitectónico, ingenieril y no digamos económico-organizativo.

Opino que la solución no es la controvertida iniciativa de ley de infraestructura vial, sino simplemente contar con un equipo profesional y responsable en el Ministerio de Comunicaciones, Infraestructura y Vivienda que ponga en ejecución un plan bien diseñado que además ya fue elaborado con el concurso de la cooperación internacional. Tan complejos proyectos no deben seguir la inercia de la inversión pública hormiga distrital, sino deben ser parte de un esfuerzo centralizador y enérgico como el que se observa en el panorama político salvadoreño.

La infraestructura clave que este país necesita debe rebasar la miopía de la obra pública municipal y adoptar una perspectiva nacional y es más: centroamericana y panamericana, tal y como el nombre de las principales arterias viales lo indican. En El Salvador, por ejemplo, el citado proyecto de San Juan Opico es parte de la modernización de la carretera panamericana hacia el occidente del país, y camina viento en popa.







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Edgar Balsells

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Author: Maria Suarez