En este mundo digital de compra y venta de bienes y servicios y de gran apertura de los mercados, sí que es importante observar cómo operan las grandes ligas de la producción, el comercio y las finanzas. En la apertura de nuestra economía estamos expuestos de diversas formas a las vicisitudes de mega empresas como amazon, apple o bien las criptomonedas. Y sobre estas últimas conviene hablar, a partir de la extradición desde las Bahamas hacia Estados Unidos del milenial Sam Bankman y dos de sus “ejecutivos” si así puede llamarseles a dos cuates que convivían con él una residencia del citado paraíso fiscal del Caribe.
El peludo Bankman, un muchacho desaliñado e informal en todos los aspectos ha comparecido en entrevistas con los principales medios informativos mundiales y para un analista con cierta experiencia económica y financiera lo dicho pareciera claramente no ser parte de la institucionalidad y nivel de regulación que se espera de un mercado -el de las criptomonedas- que cuenta con más de cien millones de usuarios alrededor del globo. Particularmente me han interesado mucho las intervenciones que sobre el fraude de Bankman ha tenido Alejandra Ocasio-Cortez, miembro de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, quien tiene todos los detalles de lo sucedido. Expliquemoslo brevemente:
Bankman es dueño de FTX la tercer entidad emisora de criptomonedas del globo, conjuntamente con otra gran cantidad de empresas, de la que citamos a Alameda Research, que pareciera ser una de las responsables del descalabro. Evidentemente Bankman, a pesar de lo opaco/inocente de sus declaraciones hizo uso de los fondos de sus clientes de FTX para desenredar clavos de Alameda, y de paso financiar campañas electorales y jugar a la filantropía que resulta ser esta una afición para el quedar bien de los mega ricos.
La empresa FTX se manejaba como tienda de barrio desde las Bahamas en donde no existen las mínimas regulaciones internacionales y realmente uno sí que se pregunta cómo es posible que se extraiga dinero de todas partes desde una empresa en la que hoy queda demostrado no tenía ni los mínimos libros contables que maneja por aquí cualquier empresita autorizada por nuestro laxo Registro Mercantil guatemalteco.
En noviembre FTX levantó sospechas de su fragilidad y carencia total de manejo del riesgo y como en rebaño los inversionistas comenzaron a exigir la devolución de sus inversiones, y como no se contaba con las mínimas regulaciones de capital dinerario el valor de la empresa pasó de súbito de 20 billones de dólares a cien mil y Bankman perdió hasta la última playera porque muy pocas veces se le vió con el tacuche ese que utilizan los banqueros perfumados.
Ahora los medios de prensa y centros académicos del mundo desarrollado y en desarrollo se pregunta ¿qué pasó? y las respuestas se asocian con los más burdos fraudes financieros, al estilo de los más actuales de Bernard Madoff y Elizabeth Holmes quienes enfrentan serias condenas penales.
El premio nóbel y eminente profesor de Yale Robert Shiller nos ayuda a explicar la psicología y el comportamiento hipócrita y avaricioso de todo esto. Resulta ser que hay un alma animal en nosotros, nos dice, y se acrecienta en los potentados. Estos suelen ser principalmente hombres, con poder ilimitado adquirido por los más fuertes y sus herederos. Bajo ese deseo de riqueza emergen diversos impulsos, el deseo de poder y la insaciable búsqueda de reconocimiento.
Hay en todos estos comportamientos una amplia mezcla de inmoralidad e hipocresía, que invade el quehacer de las finanzas y el mundo del dinero y de los negocios, siendo parte de un tema que los psicólogos asocian con la llamada disonancia cognitiva, que también invade al funcionariado de tal mundillo, y que aquí muy bien lo vemos pero “a la tortrix” como suele llamársele a los esquemas burdos y primitivos de prestamistas y manejadores del pisto hasta por los lugares más recónditos.
La hipocresía y mezquindad, combinada con la avaricia impulsan a actuar y aceptar acciones que aún cuando van en contra de nuestros principios originales las comenzamos a aceptar. Es algo muy parecido a lo que el gran economista de Harvard John Kenneth Galbraith le llamó en su libro póstumo: “La Economía del Fraude Inocente”.
Ya veremos con más claridad lo que le depara a Bankman pero una de las lecciones apuntan a pensar de que a pesar de los deseos libertarios de descentralización financiera y autorregulación, hay principios fundamentales cuando se trata del manejo del dinero ajeno que vienen desde tiempos añejos que muchos lo asocian con la aleccionadora crisis de los tulipanes en Holanda. El no estudiar la historia, ni los mínimos principios de teoría económica y filosofía moral nos hace de tiempo en tiempo caer en mentirosos patológicos como Sam Bankman-Fried, quien dicho sea de paso le arruinó las navidades a miles de hogares.
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