El golf español tiene a Jon Rahm como referente. Número cinco del mundo y con tres victorias en 2022, ha vuelto a cuajar una temporada excepcional con 9,6 millones de euros ganados entre los circuitos americano y europeo en 21 torneos. Sin embargo, los titulares se los ha llevado el neoprofesional Eugenio López Chacarra (22 años), que logró su primer triunfo en su quinto campeonato profesional y ese éxito le reportó cinco millones de dólares de golpe, el mayor premio individual de ningún deportista español en un solo torneo, y sumó un total de siete en los seis que disputó en todo el curso. El golfista atendió a ABC en el Club de Campo Villa de Madrid , escenario de la exhibición de Rahm tan solo unas semanas atrás y no regateó elogios para su ídolo, de quien alabó que se acordase de él en la entrega de premios del Open de España y a quien calificó como «el auténtico número uno del golf mundial». — Sin embargo, es inevitable preguntarle por el dinero. ¿Cómo lo lleva? —De entrada tuve la suerte de firmar un contrato inicial impensable (15 millones por tres años), por lo que este asunto dejó de preocuparme desde el principio. Ya tenía la vida solucionada con eso. Y lo que llegó después, como ganar cinco millones en una sola semana, no hizo sino obligarme a pensar cómo había llegado hasta ese punto en tan poco tiempo (con otros dos años más garantizados por vencer en Tailandia, hasta 2026). — ¿Y qué se le pasa por la cabeza para no mirar la cuenta del banco? —Recordé cómo mi padre salía de trabajar todos los días para llevarnos a mi hermana y a mí a entrenarnos y después cómo tuvo la clarividencia para prepararlo todo, junto a Gonzalo Pan, de tal manera que ellos se encargasen para que yo solo tuviera que pensar en hacer cada día menos golpes, como cuando era pequeño. Por eso intento no pensar en el dinero, sino en ser buena persona, ser humilde y tener de referencia a Rafa Nadal, que pese a todo el dinero que ha ganado en su vida sigue siendo la misma persona. Siempre ha sido un ídolo para mí y me encantaría jugar un par de rondas de golf con él y luego pelotear al tenis, para que me dé caña. Ha habido un par de intentos este año, que al final no han cuajado, y espero que suceda cuanto antes (con quien sí ha podido competir es con Carlos Sainz, aprovechando el parón de la Fórmula 1 en estas semanas). — Pero siempre habrá algún capricho que pueda brindarse… —Bueno, algo caerá a final de año, pero aunque soy espléndido no soy de derrochar. Igual me compro un coche o hago alguna fiesta con los amigos, pero trataré de ahorrar lo más posible porque nunca sabes lo que puede pasar en el futuro. — ¿Cómo fueron las negociaciones para entrar en el LIV? —Pues ya habíamos estado hablando antes y le habíamos dado una cifra que pensábamos que no podrían aceptar. Pero sorprendentemente lo hicieron y fue un sueño para mí, no lo voy a negar, no solo en el plan individual sino por todo lo que está haciendo el LIV por los jugadores y por el golf en general. No pensaba que fuera a suceder de una manera tan rápida, pero está pasando. — Usted, en concreto, ganó en Bangkok a las primeras de cambio. —Ahora que he vencido estoy en una categoría diferente, es algo que sueñas siempre desde pequeño, imponerte en torneos y a los mejores. Luchar con Dustin Johnson, Sergio García, Patrick Reed o Bubba Watson me demostró que estoy en condiciones de competir y de alcanzar su nivel. Esto nos demuestra a mi equipo y a mí que estamos haciendo un buen trabajo, que la línea de trabajo que llevamos es la correcta y que esta nos puede permitir ganar más torneos. Noticias Relacionadas estandar Si Golf La liga árabe del golf: más premios que el tenis, la F1 o la Champions José Carlos Carabias estandar Si Golf España y medio siglo de lucha para 400 títulos de golf por el mundo Miguel Ángel Barbero — Los críticos del LIV dicen que es una competición cerrada en la que no valen tanto los estados de forma como los currículos de los jugadores, pero su caso fue diferente. Se mezclaron los dos aspectos, ya que le llamaron porque era el número dos del mundo amateur. —Así era, el número 1 era un señor japonés que no tenía mucho interés en competir internacionalmente y la gente decía que yo era el verdadero número uno mundial de la categoría. Por eso recibí la llamada de Greg Norman, que reconoció mi carrera deportiva en EE. UU. y me dijo que estaban muy interesados en contratarme. — Y ahí apareció la figura de Sergio. —Efectivamente, me llamó y me dijo que si me decidía formaría parte de su equipo. Lógicamente, acepté la oferta sin dudarlo y estoy orgulloso de haberlo hecho, porque voy a poder progresar como persona y como golfista. — ¿Qué piensa de estar jugando con los profesionales, cuando hace solo seis meses todavía era un jugador aficionado? —Me encanta. Ya jugué varios torneos del PGA Tour y del European Tour como amateur (entre ellos en Valderrama, que en 2023 se incorporará al calendario del circuito saudí) y tenía claro que mi sitio estaba entre ellos. Todos son profesionales y todos muy buenos, pero el nivel que me he encontrado en el LIV es superior. Al final aquí hay veinte que han ganado ‘majors’ y sabes que alguno de ellos seguro que cada semana va a tener su torneo y va a hacer pocas, así que tienes que hacerlo muy bien para pillarles a todos a la vez si quieres ganar. Es cierto que hay menos jugadores en el plantel (48), pero más de la mitad de ellos son los mejores del mundo. — En el plano personal, ¿impresiona mucho medirse a ellos? —Al principio sí, sin duda. Me aceptaron todos bien porque yo soy una persona muy normal y muy sencilla. Intento hablar con todos, aprender de ellos, pero también me alejo para no molestarles. Me quieren todos mucho, especialmente Dustin, con quien he tenido ocasión de entrenarme y de jugar muchas rondas de prácticas. Lo cierto es que he aprendido más en estos meses de preparación con ellos que en mis años de universidad. Se lo agradezco mucho. — ¿Ha cambiado su relación ahora que también es un ganador? —Sí, al principio me veían como un chavalín de 22 años recién llegado y ahora, después de competir contra ellos y que ven que puedo ganarles, me siguen apreciando como un chavalín… pero que les da guerra. Ya te ven con más respeto porque saben el nivel que tienes de primera mano. Ahora les da rabia que un crío les gane… pero tengo la suerte de que Sergio y mi equipo me apoyan mucho y hacen que las relaciones con los otros equipos sean muy fluidas (cada prueba se juega tanto de manera individual como colectiva). Al terminar cada ronda cenamos todos juntos y eso hace muy llevaderas las relaciones. Atrapado en la guerra de circuitos La victoria de Eugenio López Chacarra en el LIV Golf de Bangkok ha pillado con el pie cambiado a más de uno. En concreto, la Real Federación Española de Golf se ha visto en la tesitura de tener que utilizar un doble rasero para darle el valor que tiene. En un principio, ateniéndose al criterio de que el circuito saudí no forma parte del ranking mundial, no se tuvieron en cuenta sus ganancias en Tailandia. Por eso no figura en el ranking nacional de 2022, basado en los ingresos de los jugadores profesionales en todos los torneos oficiales en los que participan. Si se entra en la web federativa, el primero es Jon Rahm (9.637.404 euros) y el segundo Adrián Otaegui (1.670.303), obviando los emolumentos del madrileño. «Al no cumplirse los criterios del ranking de jugarse cuatro vueltas por torneo, con corte y un plantel de al menos 70 jugadores, no podemos considerar oficial su victoria», señalan desde el comité de profesionales. Sin embargo, no ha habido inconveniente a la hora de reconocer su título entre los 18 que lograron los españoles por todo el mundo este año. De hecho, Eugenio fue una de la estrellas de la Gala del Golf que se celebró el pasado lunes en la sede del Comité Olímpico Español. Acudió a recoger su trofeo como ganador en el LIV Golf y se hizo numerosas fotografías con el resto de triunfadores en las distintas categorias internacionales. Este es un ejemplo más de la confusión que existe ahora mismo en el mundo del golf por la guerra de los circuitos. Por un lado se quiere un espectáculo a todo tren al margen de lo establecido, pero a la vez se busca entrar en un sistema que lo legitime. Urge llegar a un consenso. — ¿Cómo ve la situación actual LIV? —El mundo del golf está ahora muy ajetreado, pero yo estoy encantado de estar donde estoy. El LIV va a seguir creciendo y seguro que se arreglará el asunto del ranking mundial para que puntúen también nuestros torneos. Para 2023 serán catorce campeonatos por todo el planeta y, por lo que a mí respecta, los disputaré todos junto a tres o cuatro del circuito Asiático y los cuatro grandes. Así que cerraré un calendario de veinte o veintidós semanas, que está muy bien para llegar fresco a cada una de ellas. — O sea, que confía en jugar los ‘majors’ a pesar de todo. —Por supuesto, porque los organizadores quieren tener a los mejores del mundo, al margen de las guerras en los circuitos, y ellos saben que yo estoy entre ellos, así que estoy seguro de que me llegará alguna invitación para poder jugarlos. Por eso no me obsesiono con ello; sólo me centro en seguir mejorando como persona y como golfista porque sé que me llegará el momento de jugarlos y, por qué no, hasta ganarlos. — ¿Cómo organizó su equipo de trabajo al hacerse pro? —Fue fácil, porque mi padre siempre me ha llevado muy bien y sabía la gente con la que tenía que estar y con la que no. Gracias a él, ahora estoy en lo más alto del deporte español. Desde los once años me ha estado preparando para esto, aunque yo no fuera consciente de ello; me buscó un psicólogo, un entrenador, cuidó de que mi mejor amigo al final se convirtiera en mi agente… así que mi equipo no cambió en junio, solo que todos nos convertimos en profesionales con un mismo objetivo. Los que ya lo eran trabajando para mí en exclusiva y Gonzalo, que dejó su trabajo para hacerme de agente. Tengo un grupo impresionante, con mi padre y también con el apoyo de mi hermana Carolina, que también lo está haciendo fenomenal en su universidad (tiene tres títulos) y me da mucho apoyo. Les debo mucho a ellos. — Hablando de universidad, se comprometió a acabar sus carreras (está cursando un doble grado en Oklahoma State) y lo va a hacer este mes. —Sí, siempre dije en casa que primero serían los estudios y después el deporte y, aunque las cosas vinieron como vinieron en el golf, he querido acabar ambos grados precisamente este pasado 6 de diciembre, que además me van a venir muy bien en mi futuro. El de Económicas para poder gestionar mis ingresos y el de Psicología, para trabajar los momentos de presión en los torneos.