A lo largo de años, la humanidad se ha ido diseñando, creando, configurando e instituyéndose a sí misma, de una manera infatigable en un proceso constante que no se agota ni se agotará. Las sociedades, en diversas épocas, han mutado, así como sus instituciones, sus significaciones imaginares (valores, normas, creencias, etc.) y sus fines también lo han hecho correlativamente. Nuestra época, por ejemplo, está marcada profundamente por la omnipresencia y omnipotencia del capital, la técnica, lo razonable, lo cuantitativo y lo tecnológico, a su vez las sociedades que habitan en este espacio de tiempo han de transformarse consumistas, individualistas, y muy superfluas. Y si a esto le sumamos los efectos y vida diaria con la pandemia mundial del Covid-19, encontramos la razón moderna que ha relegado a un bajo nivel, dos componentes esenciales para el desarrollo de las sociedades, a saber: la imaginación y la voluntad. Esto da para mucho, y unas cuantas líneas permite argumentar: Una reflexión general antes que termine el año.