El diálogo envenenado con extorsión de una de las partes no es diálogo. Comenzamos diciendo que los representantes de los que aspiramos a una genuina transición a la democracia no son nuestros representantes-negociadores. Nadie los habilitó para ello y la mayoría los calificamos, por sus ejecutorias previas, en funcionales del sistema autoritario que domina el país. Conforme a la secuencia de la quincena de diálogos anteriores e infructuosos, constituye otro ritual para prolongar la estadía en el poder del régimen oprobioso. Aparece este último como una victoria de los desbloqueadores del ecosistema criminal. Las meras formas hacen las veces del contenido y allí se agotan. El resultado no muestra sino una asociación con los mismos que nos hundieron en el hambre y saquearon al país. No hay dudas de que han negociado en secreto. Es el mismo régimen que se nos reveló en 1992, que transcurre de etapa en etapa, exportando la alianza cívico-militar del socialismo del siglo XXI. Es clara la estrategia de ingeniería social que afecta la psique del venezolano, con ingeniería lingüística y mensajes subliminales. En medio del diálogo envenenado y nulo para la causa democrática, nos meten la Ley de Comunas, que jerarquiza la sociedad y la va estructurando con base en jefes y no en liderazgos de los que carecen, porque son repudiados por la mayoría. La clave de su permanencia es la dominación.