La condena de Adrien Quatennens , número dos de La Francia Insumisa (LFI, extrema izquierda populista), a cuatro meses de cárcel, con remisión de pena, por apalear a su esposa, ha agravado la división y crisis de las izquierdas francesas. La esposa de Quatennes lo había acusado de violencias físicas y morales durante varios años. Y esas acusaciones agrietaron de mala manera la coalición NUPES (Nueva Unión Popular Ecológica y Social), de la que forman parte LFI y los históricos PS y PCF, convertidos en partidos muy minoritarios. Antes de ser juzgado, Quatennes reconoció haber «abofeteado» en varias ocasiones a su esposa, que denunciaba apaleamientos sistemáticos. Jean-Luc Mélenchon , líder histórico de LFI, evitó «tomar partido», indignando a las mujeres de todas las izquierdas. PCF y PS y buena parte de la extrema izquierda pidieron la «intervención rápida» de la justicia. Sin entrar a prisión El Tribunal de París dictó sentencia la mañana del martes. Quatennes ha sido condenado a cuatro meses de cárcel con remisión de pena: fórmula que permite evitar la entrada pura y simple en prisión. Queda la ignominia de la codena, agravando divisiones de mucho calado. En previsión del juicio, Mélenchon inició un relativo «eclipse» político. Y la dirección de LFI ha sido asumida por Manuel Bompard , provocando otra tormenta política interna. Varias figuras que aspiran al liderazgo, Clémentine Autain, François Ruffin y Raquel Garrido denuncian la «falta de democracia interna». Crítica amable, cuando otros escándalos ligados a la violencia contra las mujeres continúan manchando de mala manera a todos los miembros de la coalición NUPES (Nueva Unión Popular Ecológica y Social), que comenzó siendo un embrión de «unión de la izquierda» y se ha transformado en una pantanosa tierra de nadie, víctima de divisiones y escándalos.