Un gobierno sin restricciones financieras es imbatible en las urnas por el flanco económico. Aunque ayer salieran los ministros con las rebajas y mostraran las costuras del paquete de ayudas (si la inflación subyacente se porta bien, la rebaja del IVA podría retirarse antes de seis meses, dijo Calviño o «la rebaja del IVA no es la del PP», según Díaz , que se quedó con las ganas de fijar más precios que los del alquiler), lo cierto es que mientras Sánchez esté bendecido por Bruselas para seguir gastando a manos llenas la idea de que una crisis devastadora iba a depositar el poder en manos del PP era una ensoñación. Y casi diría una pesadilla, porque abonarse al ‘cuanto peor, mejor’ es una estrategia bastante mezquina. Los números indican que España sufrirá una desaceleración de su actividad en 2023, pero las probabilidades de que caigamos en recesión se van alejando. En los próximos meses puede haber malas noticias, pero hay una que tarde o temprano llegará: el fin (o la cronificación) de la guerra en Ucrania. Y esa será una brutal inyección de optimismo. Ni hablar si coincide con su presidencia de la UE. Sánchez , además, ha tenido éxito con el control de la inflación. Sus medidas, especialmente la llamada ‘excepción ibérica’ y el subsidio a los combustibles, han funcionado para sus propósitos que eran que la inflación promedio hasta noviembre no se fuera por encima del 8,5% que era la cantidad que se manejaba para el reajuste de las pensiones, el único capítulo que, por su cuantía, podía haber hecho saltar las alarmas. ¿Significa eso que no habrá crisis ? Si alguien no pone freno al endeudamiento público desbocado, claro que la habrá. Pero antes España tiene que tomar consciencia de la mediocridad de su crecimiento económico y de que la política no puede seguir centrada en repartir lo que tenemos, sino que hay que hacer crecer el producto. Todo el mundo sabe que la deuda pública no se paga, pero hay que hacerla manejable y eso significa mantener ratios presentables. Que la situación económica no sea decisiva en una contienda electoral, obligará a los partidos en liza a demostrar la superioridad de sus ideas y propuestas, y dejar de abanicarse bajo el árbol del poder. No tendremos una crisis económica, pero tenemos una crisis institucional de la que el Gobierno no quiere hablar. En su balance del año 2022, Sánchez habló de que su Gobierno ha presentado 192 «proyectos legislativos» de los que «101 eran proyectos de ley». Bajo esta formulación esconde que ha sido el Gobierno que más ha recurrido a la figura del decreto ley, ninguneando al Parlamento . MÁS INFORMACIÓN Europa como problema Diez cisnes negros Por no hablar de lo que ha hecho con la supresión del delito de sedición y la rebaja del de malversación, dos asuntos que todavía le darán tardes de gloria. Sánchez cree que ha recuperado la centralidad que Feijóo le había arrebatado sin hablar. Las espadas están en alto y el árbitro está más fuera que dentro de España.