Confieso que me sentó muy bien la noticia de ese pedacito de justicia que empezó a llegar por el sur del continente con la condena a Cristina Fernández de Kirchner, así como también llegó a Perú, apenas horas después, con la detención de quien intentó dar un golpe de Estado. Sin duda, es un respiro y una señal de que la justicia siempre alcanza a los delincuentes.