La Vieja Rivalidad Futbolera En La Familia Carrera Samayoa
Para el campeonato mundial de Chile, en 1962, mi tío Carlos Enrique Carrera Samayoa, “El Chino” Carrera invitó a su padre a ir a la América del Sur y presenciar en Santiago, el cónclave del fútbol. El abuelo Santos había sido uno de los primeros jugadores del fútbol, en las canchas quezaltecas y capitalinas. Fue miembro de la Liga Deportiva Quezalteca que enfrentó al Club Hércules, capitalino, en las finales del campeonato nacional de football, en 1919 en el campo de la actual Colonia Molina, al pie del cerro El Baúl en Xela y en 1920, en el campo de Marte.
Contaban durante las tertulias familiares que el abuelo Santos y la abuela Martha, en su casita de la calle Cajolá, de la ciudad altense, después de la cena siempre cantaban al compás de la guitarra, viejas canciones mexicanas, de donde era oriundo el bisabuelo Ernesto Carrera, de Puebla, de Los Ángeles, para más señas. También cantaban tangos, que era la música de moda en la década de los veinte, treinta y cuarenta del siglo pasado. Al calor de ese hogar fueron creciendo sus hijos, y el mayor “El Chino”, adoro, no solo la guitarra sino especialmente el tango. Y quizás por ello, infiero yo, fue un seguidor y admirador absoluto del equipo de fútbol de la Argentina.
Cuando se fueron al mundial de Chile, yo era un niño de 6 años y recuerdo a la perfección el día que se fueron y el día que regresaron. La despedida y el recibimiento en la sala de la antigua casita 0-33 del Callejón Normal, entre la Avenida Elena y la primera avenida. El entusiasmo del abuelo Santos contando los detalles del viaje, su paso por Panamá, su llegada a Río de Janeiro, su estancia en Sao Paulo, la felicidad que le causó la alegría del pueblo brasileiro y que aprendió a tocar y cantar una de las famosas marchinhas carnavalescas; “A Jardineira”, que con los años sería la única canción que cantaba bien, mi prima hermana, Manola. Relataba, a seguir, el señorío de la Ciudad de los Buenos Aires, la música, la comida, los y las bailarines, el tango.
Se impresionó con la poesía gauchesca y por la reciedumbre de los gauchos pampeanos. Como era maestro de antes, ya conocía de sobra el Martín Fierro. Su descripción del paso del avión sobre los Andes nevados y su arribo a Santiago de Chile era fenomenal. De la pampa a los escarpados macizos del Aconcagua. Y seguía el plato fuerte que era el mundial, del cual el Brasil campeonizó por segunda vez, de la mano de Manoel “Mané” Garrincha y el séquito de la verde amarelo. De Mané decía que era la octava maravilla del mundo y sin más seguidor fiel del Brasil. “El Chino”, su hijo, siguió fiel a su tradición infantil y generó toda una corriente de seguidores albicelestes, entre los que se incluían sus numerosos hijos, madre, tías y sobrinos.
Por ejemplo, en mi familia, mi padre era seguidor brasileño, mi madre albiceleste, Fernando, mi hermano mayor, más argentino que el bife de chorizo y Juan Luis, brasileiro. Yo, para ser absolutamente sincero, reconozco que las narraciones de mi abuelo Santos me marcaron para siempre y que voy por el Brasil hasta que los tiempos se declaren vencidos. Tuve la suerte de tener cuatro hijos varones, de los cuales tres son brasileiros y Luis Guillermo –Guicho- aleccionado y convencido por su tío Fernando, es el albiceleste de la familia.
Patricia casi siempre va por el Brasil y es comodín de la Argentina. Pues bien, recuerdo esto, pues Guicho estudia su maestría en Brasil y se fue el pasado domingo a Buenos Aires, a presenciar por la televisión la final entre Francia y la Argentina, por la Copa del Mundo. Se pudo dar el gusto de celebrar con los gauchos la tercera estrella en la camisa argentina. Y a mí, todo ello, me provoca un nudo en el corazón y me activa los recuerdos, de las viejas historias del abuelo. Ya tendrá que contarles a mis nietos futuros.
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Eduardo Antonio Velásquez Carrera
Economista y profesor de Teoría Económica. Especializado en Economía Urbana y Regional. Doctor en Ciencias Políticas y Sociología. Catedrático titular en el Centro de Estudios Urbanos y Regionales de la Universidad San Carlos.