España sale del Mundial y el mundo mira a Luis Enrique , convertido en el líder único de esta selección para lo bueno y para lo malo. Hoy le toca gestionar el fracaso después de una eliminación demasiado temprana. Al batacazo de Rusia, provocado en gran medida por la destitución de Julen Lopetegui a tres días del inicio, le sigue éste en el que no se pueden buscar excusas de fuera. La concentración ha sido una balsa de aceite salvo por la polémica salida de José Luis Gayà por lesión, algo que dentro del grupo tampoco fue visto como una afrenta al jugador. Se entendieron los motivos del seleccionador de no querer arriesgar a quedarse sin banda izquierda si a Jordi Alba le ocurriese algo. En los 23 días de concentración no ha habido fisuras, todo lo contrario, por lo que el problema hay que buscarlo en el terreno de juego. Ha sobrado posesión pero ha faltado fútbol y sobre todo remate, más allá de la engañosa goleada del debut. Algunos dirán que el ‘streamer’ se comió al seleccionador, otros que la suerte ha jugado un papel fundamental. Pero la realidad es que España está fuera. Conviene resolver que con lo que hay solo da para ganar a Costa Rica, y eso en un mal día de ellos. Fue quizás su último partido como seleccionador, cuestión que no resolvió cuando se le preguntó: «No es el momento de hablar de mi futuro… Tengo ganas de llegar a casa y ver a mi gente, a mis perros… La semana que viene hablaremos cuando el presidente lo estime oportuno». Toca esperar. Para este último partido Luis Enrique regresó al once de la goleada a Costa Rica salvo por la novedad de Marcos Llorente en el lateral derecho. Con él y Rodri presentó una defensa de cuatro en la que la mitad de sus integrantes no contaban para esas posiciones al inicio del campeonato. Una enmienda parcial a sí mismo y a su lista de 26. Azpilicueta, según él en condiciones, y Carvajal no le ofrecían la misma confianza que el interior rojiblanco, reconvertido una vez más. España necesitó que a Marruecos se le agotaran las baterías para tener el dominio abrumador del juego. Hasta entonces, incluso sufrió. Pero con el rival agotado tampoco fue capaz de marcar. «Me hubiera gustado atacar mejor. Nos ha costado», concedió el seleccionador. «Ha sido caprichoso el destino con el poste de Sarabia», dijo también sobre la última ocasión, obviando que seguramente el VAR habría anulado ese tanto. En la Eurocopa la selección se abonó a la prórroga, y en este Mundial las eliminatorias comenzaron igual, aunque acabaron bastante peor. Antes del inicio Luis Enrique lanzaba una arenga de escasos tres minutos a sus jugadores, todos en corro, apuntalando con los brazos la importancia de sus palabras. Luego se apartó y dejó que Busquets mandará el mensaje final a sus compañeros. Fue igual al comenzar la tanda de penaltis. Una vez comenzó, Luis Enrique se apartó del resto del cuerpo técnico, que permanecía en la banda abrazado, y se sentó en el banquillo. No quería estar en primer plano. Para cuando volvió a salir España ya estaba eliminada. El asturiano queda en una situación complicada. Le toca sentarse a hablar con Luis Rubiales y José Francisco Molina para tomar una decisión definitiva. De seguir, tendrá que actualizar el excel que sacó en septiembre en el que comparaba el rendimiento de su equipo con el resto de selecciones europeas. Quizás ahora ya no salga tan bien parado. La siguiente oportunidad, con él o sin él, en la Nations League.