Más allá de balones, fueras de juego o porcentajes de posesión, la selección de Irán ha protagonizado otro Mundial, el evento deportivo que ofrece como servicio útil la reivindicación política y la defensa de los derechos civiles. El combinado nacional del país árabe se negó a cantar el himno en el primer partido en señal de apoyo a las protestas que han sacudido a la República islámica después del fallecimiento en septiembre a manos de la policía de la joven Masha Amini, detenida por llevar el velo mal colocado. Poco después de este gesto valiente de los futbolistas, el fiscal general del país anunció que la ‘policía de la moral’, cuya tarea consiste en hacer cumplir el estricto código islámico de vestimenta, será desmantelada. A Irán, una nación con régimen integrista, se va a entrenar un hombre de carácter, el canario Paco Jémez. A propósito de los derechos humanos y la política iraní, Carlos Queiroz, su dimitido seleccionador de origen portugués, vivió un enfrentamiento con un periodista de Sky Sports en una rueda de prensa durante el Mundial. «También puedes preguntar a Gareth Southgate (el preparador inglés) por la situación de los emigrantes en Inglaterra », replicó cuando le interrogaron por la situación del país respecto a las mujeres. Más calmado, a los dos días, Queiroz reflexionó de otra manera. «Es exactamente como en Inglaterra. Sigues el espíritu del juego y las leyes de la FIFA siempre que te expreses en fútbol, según estos valores. Todo el mundo tiene derecho a manifestarse. Unos se arrodillan, otros no . En la selección de Irán es lo mismo». Noticias Relacionadas estandar Si Fútbol Las opciones para sustituir a Luis Enrique en el banquillo de España J. A. estandar No Qatar 2022 La irrupción de Gonçalo Ramos: cómo suplir al mejor goleador de la historia Iván Martín En este contexto político y social, Paco Jémez (52 años) emigra para entrenar al Tractor Sazi, séptimo clasificado de la liga y principal equipo de Trabiz, una urbe de 1,5 millones de habitantes situada al norte del país cerca de las fronteras con Armenia y Azerbaiyán. Jémez era Paco en su periplo como futbolista de élite en el Rayo Vallecano y el Deportivo, defensa central con larga melena y modos expeditivos que jugó una Eurocopa (2000, la del penalti fallado por Raúl) bajo la tutela de José Antonio Camacho y fue internacional en 21 ocasiones. Pero ha sido en los banquillos como entrenador donde ha adquirido solera y cierta discordancia. Su filosofía de juego, bastante parecida a la de Luis Enrique centrada en la posesión del balón y el pase al pie, ha chocado en numerosas ocasiones con la humildad de los equipos que sufren en la zona baja de las ligas y le ha tocado dirigir (Rayo Vallecano, Cartagena, Córdoba, Granada, Las Palmas, Cruz Azul de México, Ibiza). También como Luis Enrique, con quien coincidió como jugador en la selección, ha convertido su idea futbolística en un credo. En las charlas motivacionales a su plantilla suele poner el ejemplo de la película ‘El último samurái’. Si hay que morir, al menos elige cómo. Criado en una familia humilde, cuyo padre era el cantaor Lucas de Écija, Jémez se ha distinguido por sus gestos altruistas. En Vallecas pagó el alquiler a una vecina del barrio que iba a ser desahuciada y en México salió a la calle con gorra y gafas de sol para repartir alimentos a los damnificados de un terremoto. En la otra dimensión de la fama, el técnico emigrante es un reputado jugador de golf, deporte que practica con su amigo Pep Guardiola. Tiene hándicap 1,4. Nivel casi profesional. Una de sus hijas, Nadia, casi es más célebre que él, ‘influencer’ de última generación y concursante en ‘realities’ televisivos.