Más que ridícula suena la recordación de aquello de presidente obrero. El arrase con el valor del trabajo, de la moneda, de la producción, se hace cada día más evidente. Y esto con todas sus muy variadas implicaciones sociales. Sobrevivir políticamente destrozando el trabajo le ha resultado relativamente fácil al régimen de Nicolás Maduro. Pero, sin duda, tiene sus costos.