Alegres elecciones: Impredecible año electoral

Los más jóvenes no han querido empadronarse (ojalá todavía lo hicieran), y no tienen mucha esperanza de que el futuro sea mejor. Lo cual es una lástima y explica que prefieran emigrar.

José Alejandro Arévalo Alburez

Tuit

El viernes pasado asistí al Gran Teatro Nacional Miguel Ángel Asturias, al acto de convocatoria del Tribunal Supremo Electoral (TSE) a las elecciones generales para elegir a los futuros dirigentes políticos en la Presidencia de la República, Congreso de la República, Consejos Municipales y Parlamento Centroamericano.

Con casi tres decenas de partidos políticos legalmente autorizados por el TSE y una decena de binomios presidenciales electos en asambleas generales realizadas hasta ahora y quienes, de una forma bastante vergonzosa se liaron en una batalla de empujones a primera hora del sábado pasado, en el edificio del TSE, esforzándose por quedar inscritos en los primeros lugares para poder escoger la posición de su símbolo partidario en las papeletas que, seguramente serán parecidas a un cartón de lotería, con tantos cuadros como candidatos.

A partir de esta convocatoria y conforme avance el calendario electoral, no solo seremos testigos del constante deterioro del poder del presidente Giammattei y sus aliados, quienes estarán más preocupados por sumarse a las posibles opciones ganadoras y afianzarse al poder emergente, para protegerse de eventuales persecuciones por parte los nuevos gobernantes electos.

Los intereses compartidos por la élite gobernante (política, económica, militar, judicial, sindical, mediática) pueden subsistir aliándose con los nuevos gobernantes que saldrán electos, pero los personajes que hoy detentan el poder sentirán el distanciamiento de sus hasta ahora aliados de conveniencia. Por eso, la tentación de tratar de influir o manipular indebidamente los resultados electorales sea atrayente, pero nada plausible. 

Y los agentes que han sido fieles acompañantes de la entente gobernante, estarán menos dispuestos a seguir jugándoselas estando a las puertas de un recambio en los puestos de elección popular. Más bien, tratarán de protegerse asociándose con quienes parezcan los más probables ganadores y que sustituirán a quienes hoy ejercen el poder público.

El ambiente electoral es de fiesta y los ciudadanos verán desfilar a candidatos y variopintas propuestas, aunque los más jóvenes que no han querido empadronarse (ojalá todavía lo hicieran), no tienen mucha esperanza de que el futuro sea mejor, según expresan. Lo cual es una lástima y explica que prefieran emigrar.

La atención general estará en las ofertas electorales mientras las acciones gubernamentales pasarán a un segundo plano, excepto para hacer señalamientos al gobierno de turno (como ha sido la costumbre), para distanciarse rápidamente de quienes dejarán el poder, concentrándose el aspaviento popular en mítines, propaganda, visitas a pueblos y localidades, discursos, cancioncitas, memes, bulos y descalificaciones mutuas. 

Ojalá se respete la voluntad popular y como dijo en su oportunidad el presidente Arévalo (QEPD), terminen siendo unas alegres elecciones y que todo pase, sin que pase nada.







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José Alejandro Arévalo Alburez

Profesional de las ciencias económicas, con especialidad en banca, política pública, administración y finanzas. Profesor universitario, consultor independiente. Gerente del Banco de Guatemala, Superintendente de Bancos, Ministro de Finanzas, Presidente del Banco Centroamericano de Integración Económica (BCIE), Gerente del Banco Agromercantil (BAM), Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, Vicerrector de la Universidad Rafael Landívar (URL), Rector de la Universidad InterNaciones (UNI).

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Author: Maria Suarez