Ya desde antes de las elecciones de 1998, los partidos venezolanos venían en decadencia. Líderes tan firmes como los de Acción Democrática y de Copei ya venían perdiendo prestigio y además se desconcertaron ante la creciente popularidad del golpista Hugo Chávez y sus hombres y mujeres de confianza, y en cambio desconfiaron de Henrique Salas Römer, después de aquellos malditos cinco años cuando el anciano Rafael Caldera, siempre poco popular, logró gobernar por segunda vez, con lo cual cumplió su empeño de igualar a Carlos Andrés Pérez aunque para ello debiera negar a sus discípulos favoritos, Eduardo Fernández y Oswaldo Álvarez Paz y, por supuesto, a su propio Partido Socialcristiano Copei, dominado por Fernández, Alvarez y Herrera. El Copei mas o menos popular fue siempre de Luis Herrera Campins, similar al adecaje, no calderista, y el Copei renovador, potente, tenía el relevo en esos dirigentes que quizás no fueron tan eficientes.