Algo falla en lo público

Hay dos indicadores recientes relacionados con servicios públicos que en España presta fundamentalmente el Estado que deberían obligar a las autoridades a reflexionar sobre si nuestro nivel de gasto guarda relación con la satisfacción que percibimos. Uno es que el 47% de los hogares con hijos en edad escolar contrata clases particulares para ellos y el otro es que las primas de los seguros privados de salud han crecido un 7% en 2022, muy por encima de otros rubros. Estas cifras obligan a muchos matices, pero una cosa es clara: los ciudadanos no están contentos con las prestaciones de Sanidad y Educación, pese a que los volúmenes de gasto son muy elevados. Muchos de ellos, además, están incurriendo en un doble desembolso: sosteniendo lo público con sus impuestos y buscando satisfacción en lo privado. En el caso de la Sanidad la situación es evidente. La pandemia ha dejado patas arribas los sistemas a nivel mundial. El Informe Global de Riesgos de 2023 advierte de una nueva amenaza, la sindemia. Se trata de un conjunto de problemas que golpean de manera simultánea a la atención sanitaria. El informe añade que el abandono de médicos y enfermeras podría suponer un déficit de hasta 10 millones de profesionales en todo el mundo a finales de 2030. En España, la Sanidad privada absorbe el 29,4% del gasto sanitario total. El resto, ‘grosso modo’, es público. Pero la saturación de los servicios estatales ha llevado a las personas a contratar seguros privados baratos, con copagos altos o poca cobertura, pero que les permiten acceder a un médico para resolver enfermedades simples que se convierten en un calvario en la pública. Aunque para los asuntos graves no queda más remedio que ir a la pública o gastarse una fortuna, esta manera de ‘ir tirando’ no aborda el problema central que es que se ha juzgado mal el nivel de resiliencia del sistema y éste está descarrilando. El dato de las clases particulares, calculado por Esade, es revelador de otro problema: la inadaptación del servicio público al cambio social. El refuerzo lo contratan el 50% de los hogares con hijos escolarizados en el circuito privado y el 46% de los que acuden al público. La tradición de clases particulares era casi exclusiva de los hogares ricos, ya sea por el empeño de los padres o por su falta de tiempo para dedicarlo a la instrucción de sus hijos. La novedad que aporta el estudio es que las clases particulares se han extendido por todo el tejido social. El 30% de los hogares más humildes ya recurren a ellas. Puede ser que los padres quieran lo mejor para sus hijos o no tengan tiempo o no se sientan capacitados para asistirlos en este ámbito, pero lo que está claro es que el sistema educativo no es un servicio público que deje conforme al usuario. En España, el 65% de los centros escolares son públicos y el 31% son privados o concertados, pese a los cuál estos últimos sólo se llevan el 14% del gasto. La relevancia de lo estatal en ambos sectores convierte el asunto en un problema político. [email protected]

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Author: Pablo Perez