Impulsó diversos programas de atención a la población de menores ingresos, sin que por ello se limitara al asistencialismo: Mi Familia Progresa, Fontierras, comedores solidarios, huertos familiares y otros, dándole especial importancia a la educación con el impulso de las escuelas abiertas
Mucho se puede decir de la vida política de Álvaro Colom Caballeros; muchas pueden ser las críticas de su gestión en diferentes instituciones públicas y privadas y en el ejercicio de la Presidencia de la República, pero hay que reconocerle que no fue como el común de los políticos, altaneros, prepotentes, creídos, demagogos… por el contrario, Colom trató de hacer realidad las palabras con las que inició su discurso después de ser juramentado como presidente: “Ahora comienza el privilegio de los pobres… y la solidaridad que el pueblo de Guatemala estaba esperando”.
Y fue así como impulsó diversos programas de atención a la población de menores ingresos, sin que por ello se limitara al asistencialismo: Mi Familia Progresa, Fontierras, comedores solidarios, huertos familiares y otros, dándole especial importancia a la educación con el impulso de las escuelas abiertas e impulsando las becas solidarias. Muchas de las mujeres que fueron beneficiadas con los huertos familiares, se organizaron y trabajaron en pro de sus comunidades. Muchos de los jóvenes que se capacitaron en las escuelas abiertas, lograron impulsar proyectos económicos o se colocaron en empleos técnicos.
Colom trató de hacer un gobierno al servicio del pueblo, pero como siempre sucede en Guatemala, los mandamases son otros e impiden cualquier esfuerzo de desarrollo que afecte sus intereses. Ejército y poder económico son quienes deciden los destinos de este país, incluso contra la voluntad de cualquier presidente; basados en sus propios intereses, son capaces de impedir la construcción de una Guatemala justa y democrática.
No recuerdo como conocí a Álvaro, pero compartí con él diversos momentos, incluso en su paso por la presidencia; siempre fue el hombre sencillo, amable, bromista, reflexivo, al que no se le subieron los humos cuando lo eligieron presidente; por el contrario, quiso desde ahí impulsar el reconocimiento a los pueblos indígenas, no solo con programas sociales, sino cambiando la Granadera por el Rey Quiché y colocando la bandera de los cuatro pueblos, lo que le valió muchas críticas de falsos patriotas, discriminadores y racistas. Y no solo fue un “gesto simbólico”, recuerdo que Álvaro siempre hablaba de la Cosmovisión Maya, en la cual también se había adentrado.
Se pueden decir muchas cosas, buenas y malas, de su gestión, pero no se puede negar que fue el mejor presidente de la llamada era “democrática”, el que hizo esfuerzos por la paz en Guatemala y el que reconoció las graves violaciones a derechos humanos cometidas durante el conflicto armado, facilitando los procesos de resarcimiento de miles de víctimas. Fue el presidente que, no solo les apoyó económicamente, sino que les pidió perdón por el genocidio cometido por el Estado. Fue el presidente que no solo habló de los derechos humanos, sino que los impulsó y desarrolló en diversas instancias y a lo largo de su vida y su gobierno. Los posteriores gobiernos intentaron dar marcha atrás con muchas de las cosas que Colom implementó como políticas… algunas las trocearon, pero otras permanecen vivas.
Queremos con estas pocas líneas, manifestar nuestra solidaridad a su familia y, a pesar de las críticas que pueda haber de él ahora que ha partido al más allá, reconocer sus méritos, su amistad desinteresada, su servicio a los más pobres, sus esfuerzos y compromiso por una Guatemala mejor y esa sencillez que le caracterizó a lo largo de su vida. Será la historia la que le haga justicia, pero no morirá mientras las personas que le conocimos le recordemos.
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Miguel Ángel Albizures
Es activista de derechos humanos. Ha ocupado varios puestos de liderazgo en organizaciones laborales y de derechos humanos guatemaltecas.