Sabían que el falangista Sandoval Alarcón se tornó crítico de Ydígoras porque no le dio cupo en su gobierno.
Willy Toriello, el ex canciller de Árbenz y quien había sido su embajador en Washignton, tildaba con conocimiento de causa que Eisenhower era un hombre de dos caras: la de aparentar ser baboso en público; y la verdadera, un furibundo anticomunista que institucionalizó el Estado permanente de guerra contra Moscú, consciente que ello beneficiaba al complejo militar industrial y bancario cuyos grandes accionistas eran sus amigos y con quienes jugaba golf.
Juan José se carteaba seguido con Luis Cardoza y Aragón y ambos deploraron el rol de los comunistas en el lapso de gobierno de Árbenz; luego criticaron al corrupto y nuevo presidente de Guatemala, el general Miguel Ydígoras Fuentes y a su codicioso delfín Roberto Alejos Arzú, tan diferente a sus hermanos. Sabían que el falangista Sandoval Alarcón se tornó crítico de Ydígoras porque no le dio cupo en su gobierno. Para muchos era impensable, pero Ydígoras nombró a La Maciste ministra de Educación, quien fue la encargada de conseguirle chicas a Úbico con engaños. El filósofo le escribió al poeta: “Pero, Luis, prescinde de los mocosos marxistas si quieres llegar bien a alguna parte. Los ´fortunitos´ corrompieron nuestra Revolución: tú lo sabes. Y la entregaron. Los que hicimos la Revolución del 44 y 49, somos los que vamos a tomar el timón otra vez… ¿No está allí el ejemplo maravilloso de Castro?” Cardoza, nostálgico, escribió: “Con la Reforma Agraria nuestro país habría tomado una ruta conocida: se habría atenuado el espantoso contraste entre la opulencia y la miseria. Y seguimos ahora en el medievo”.
En 1960 al conmemorarse un año de la revolución cubana, Raúl Castro invitó a Juan José Arévalo, Leonidas Acevedo, Héctor Morgan y Jorge Micheo, y se reunieron con Árbenz que había llegado a residir en La Habana luego de vivir en Uruguay para solidarizarse con la revolución nacionalista. Fidel festejó la edición cubana de El Tiburón y las Sardinas, sin su permiso del autor, pero qué se le va a hacer si servirá a la revolución. El filósofo más adelante se solidarizó con Rómulo Betancourt porque Fidel financió un grupo guerrillero para detenerlo con la idea de tomar el petróleo venezolano para tener plata y así expandir la revolución al sur. Para el filósofo, Fidel era una acción de un muchacho en verdad irresponsable.
John Foster Dulles murió y para Árbenz era tan villano como su hermano Allen por haber liquidado la revolución guatemalteca. El statu quo estadounidense le hizo un funeral de Estado en la Catedral Nacional en Washington y llegaron al funeral todo el gabinete de Eisenhower más el canciller alemán Konrad Adenauer y el presidente Chiang Kai-shek de Taiwán. El funeral fue transmitido por las cadenas de televisión y Eisenhower reseñó en su elogio a su brazo maligno: “En verdad era uno de los grandes hombres de nuestro tiempo”. Días después, su muy influyente hermano Allen a cargo de la CIA y poder tras bambalinas del gobierno paralelo de Estados Unidos, propuso nombrar al nuevo aeropuerto de Washington con el nombre del difunto John, aunque eso fue un terrible agravio para América Latina y los países donde derribó varios gobiernos junto a su hermano en varios continentes.
En medio de protestas sociales, el corrupto Ydígoras provocó el conflicto con México-Guatemala en diciembre de 1958 al ordenar que aviones de la FAG atacaran con sus metralletas a barcos pesqueros mexicanos en aguas territoriales de Guatemala matando a tres pescadores y dejando catorce heridos. Las relaciones se tensaron con una alerta militar. En 1960 rompió relaciones con Cuba y comenzaron los acercamientos con Washington para que el espacio Guatemala sirviera para atacar a la isla bajo la presión de Allen Dulles aún al frente de la CIA. En noviembre de 1960 los militares intentaron derrocar al corrupto Ydigoras Fuentes. Algunos de ellos, así, iniciaron la trágica lucha armada revolucionaria.
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Fernando González Davison
FGD, guatemalteco (1948), abogado, con estudios de desarrollo económico en las universidades de París y de Ginebra. Fue profesor invitado de las universidades de Estocolmo, Tulane y Georgetown. Embajador en Japón, Singapur y países sudamericanos. Ganador del Premio Guatemalteco de Novela (1987) y Monteforte Toledo de Novela (2000). Entre sus mejores novelas históricas están Oscura Transparencia, la caída de Árbenz, La montaña infinita y Los peores días, editada por Alfaguara.