Candidatos para la continuidad

Veremos qué consecuencias traerá el aumento de la discrecionalidad electoral.

Uno de los principales contrasentidos expresados en el proceso electoral es la mayoritaria presencia de candidatos con marcados perfiles antidemocráticos. A pesar que la elección es uno de los instrumentos para apuntalar la democracia (en teoría), los más interesados en participar, pero para otros propósitos, son personas cuyos recorridos de vida y lo que ahora presentan de manera pública para optar a cargos públicos dicen poco o nada en favor del supuesto de partida.

El perfil al que hago referencia tiene como marco de referencia a los binomios que más de una decena de partidos han anunciado en el transcurso de la primera semana, después del banderazo de salida formal. Esa tendencia no cambiará con los pendientes de confirmar. Si esas son las principales cartas de presentación, qué podemos esperar de los listados adicionales donde miles de personas se apuntarán, pero no interesa modificar la ruta de colisión hacia la que va este país. 

Es previsible que las listas de candidatos en búsqueda de curules en el Congreso esté repleta de una mezcla entre los arribistas (los que quieren llegar y saborear las mieles de las porciones del poder y el acceso de recursos ilimitados, ya que otros similares a ellos han podido), los operadores de las estructuras criminales (que notablemente se han fortalecido en los últimos tiempos), los representantes de las redes de corrupción (también aceitadas en las últimas administraciones y en especial, a partir del aumento significativo de los recursos públicos destinados al nivel local) quienes necesitan del Legislativo para asegurar sus operaciones e ir por más. 

En ese escenario oscuro y marcado por la mediocridad presente y futuro de quienes están/estarán al frente de los organismos del estado (los tres) y el conjunto de las instituciones, desmanteladas a propósito para garantizar que los objetivos del régimen corran sin oposición alguna, las elecciones no representan signos de cambio, para bien todo lo contrario: la continuidad y así las perversidades invadan más terrenos. Los perfiles descritos son necesarios para que la contaminación nauseabunda se fije, penetre y asegure su consolidación.

Si bien la Dirección General del Registro de Ciudadanos es la dependencia del TSE donde los partidos presentan sus listados de candidatos a todos los cargos en juego, su papel es limitado por el poco tiempo disponible para calificar los expedientes. La propia Ley Electoral indica, en el artículo 155, que una de sus funciones es “Inscribir a los ciudadanos a cargos de elección popular”, sin más especificidad. Además, recordemos que los candidatos a diputaciones distritales y corporaciones municipales se inscriben en las delegaciones (departamentales) y subdelegaciones (municipales) de dicha dependencia. El contenido laxo sobre los requisitos para los candidatos a cargos de elección queda más que en evidencia con lo indicado en el artículo 214, relativo a la inscripción de candidatos, donde la lista de documentos es totalmente formalista y no dicen nada con relación a la experiencia, formación, ética y probidad de los aspirantes.  

El sistema está diseñado para lo que ahora sucede con la inscripción de candidatos. El supuesto colador es disfuncional y dejará pasar lo que sea; eso sí, bloqueará las piedras en el zapato por pequeñas que estas sean. Es previsible que algunas de ellas no se queden de brazos cruzados. Veremos qué consecuencias traerá el aumento de la discrecionalidad electoral.







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Renzo Rosal

Politólogo. Fue director de Incidencia Política de la Universidad Rafael Landívar hasta junio de 2015 y es integrante del Foro Guatemala y de Convocatoria Ciudadana.

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Author: Maria Suarez