Derrocar al gobierno de Putin implica una coalición inquebrantable de las principales potencias occidentales, una guerra a gran escala con implicaciones de usos de armas nucleares
La operación militar especial como el Kremlin llama a “Operación Militar Especial” está llegando a un punto que pueda no favorecer a quien hasta ahora ha sido alzado en occidente como un símbolo de resistencia, patriotismo y heroísmo: Volodímir Zelenski. A pocas semanas de que se cumpla un año del conflicto, la situación no es buena para ninguno de los dos protagonistas del mismo. Por un lado, las sanciones económicas impuestas a Rusia por las potencias occidentales han afectado fuertemente a la sociedad rusa así como a muchos de sus funcionarios y empresarios que han visto una baja en las exportaciones de petróleo, gas natural e inversiones en el extranjero (como el caso de la minería recientemente aquí en Guatemala). Por el otro lado, Ucrania ha perdido una gran parte de su infraestructura, su economía está hecha trizas y la migración externa, interna y pérdida de vidas ha generado un impacto social negativo.
Bajo estas circunstancias Rusia ha explorado dos opciones en lo que ya es una guerra de desgaste que son el envío de cada vez más tropas, que si bien muchas no están bien entrenadas y no cuentan con los suministros necesarios, tienen una ventaja por encima de las tropas ucranianas debido a su ventaja numérica, lo que representa un caso clásico de guerra de segunda generación. La otra opción, que puede utilizada conjuntamente con la primera, es la participación de Bielorusia que es el último bastión de lo que en un momento fue la Unión Soviética y es gobernada por Alexander Lukashenko desde 1994 y es el gran aliado estratégico de Vladimir Putin. A pesar de no contar con un apoyo tan activo de parte de China e India, los rusos le apuestan al desgaste ucraniano y a un cambio de vientos políticos en algunos países de occidente donde las dudas sobre el apoyo a Ucrania ya están floreciendo.
Esto último representa la gran amenaza a Ucrania. Por un lado el país se mantiene en pie gracias a la cooperación financiera y tecnológico – militar que continuamente reciben. Pero los objetivos del conflicto ya están levantando cejas en la oposición política, algunos cuadros altos de gobiernos europeos y en varios miembros de la comunidad de inteligencia y académica. Una cosa es apoyar a Ucrania para lograr una retirada de tropas rusas de los territorios ocupados al este del país pero otra cosa muy diferente es cumplir con el objetivo particular de Zelensky que es derrocar al régimen de Putin.
El primer objetivo, aunque sea sumamente difícil, puede ser factible en cuanto a la retirada de tropas rusas de territorios ucranianos con objetivos porcentuales que eventualmente consideren un 100%. Pero derrocar al gobierno de Putin implica una coalición inquebrantable de las principales potencias occidentales, una guerra a gran escala con implicaciones de usos de armas nucleares y, asumiendo que todo esto fuera exitoso, la reconstrucción de Rusia, Ucrania y probablemente otros países vecinos. Pero esto último se ha convertido en el objetivo de Zelensky cuya imagen está iniciando a cambiar de ser un héroe a un problema cada vez más grande.
@robertoantoniow
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Roberto Antonio Wagner
Consultor y analista de política y relaciones internacionales, catedrático universitario, columnista y ex funcionario diplomático. Interesado en historia, cultura y política de América Latina, Estados Unidos y Euroasia. @robertoantoniow